Buen amanecer lleno de bendiciones y cargado del amor de Dios y su bondad, termina la semana y lo único que resta es darte gracias por los días calurosos y los lluviosos, pero todos bendecidos en tu amor y bondad. Señor, Tú eres la fuente de toda sabiduría. Abre nuestros corazones a tu palabra para que aprendamos a mirar con tus ojos a nuestros hermanos y para que tu sabiduría nos guíe en todo lo que hacemos.
Danos sabiduría y humildad para aceptarte, conocerte y amarte cada día más y vivir el estilo de vida que Tú viviste en medio de nosotros. Toda nuestra vida tiene que ser de servicio y entrega a ejemplo de san Carlos Luanga y compañeros, que dieron su vida por la verdad y tu amor para que vivamos su alegría, mansedumbre y dulzura arraigada en su ardiente experiencia de amor a Ti. Señor, queremos entregarte nuestros corazones para que seas Tú el que sacie nuestra sed y nos ayudes a tener un corazón dócil y disponible a tu voluntad. Danos la gracia de contar con la ternura de nuestra Madre celestial y poder proclamar las grandezas de tu amor. Amén.
Hoy, nuestro Rosario de aurora y la eucaristía ofrecida por nuestros hogares, hermanos enfermos, y por nuestras necesidades personales. Un muy bendecido sábado y feliz fin de semana. Los abrazo y los bendigo.
Palabra del Papa
Jesús nos hace misericordiosos hacia la gente, mientras quien tiene el corazón débil porque no está fundado en Jesucristo corre el riesgo de ser rígido en la disciplina exterior, pero hipócrita y oportunista dentro. El Evangelio del día, en el que los jefes de los sacerdotes preguntan a Jesús con qué autoridad hace sus obras, la pregunta demuestra el corazón hipócrita de esta gente. A ellos no les interesaba la verdad, buscaban solo sus intereses e iban según el viento: conviene ir por aquí, conviene ir por allí… eran veletas. Tenían un corazón sin consistencia. Y así negociaban todo: negociaban la libertad interior, negociaban la fe, negociaban la patria, todo, menos las apariencias. A ellos les importaba salir bien en las situaciones. […] Este es el drama de la hipocresía de esta gente. Y Jesús no negociaba, pero su corazón de Hijo del Padre estaba muy abierto a la gente, buscando caminos para ayudar. (Cf, Homilía de S.S. Francisco, 15 de diciembre de 2014, en Santa Marta).
