En nuestra cotidianidad, saludamos a lo lejos el nacimiento del sol tras las montañas y el clarear del cielo. Gracias, Señor, por el don de la vida y por la salud necesaria para iniciar con fortaleza nuestras labores. Gracias, Señor, por ser la luz que ilumina nuestro caminar de este día. Permítenos iniciarlo con ilusión y en tus manos.
Ayúdanos a comprender que la autoridad debe significar servicio; Señor, que siempre permanezca ante nuestros ojos el ejemplo tu autoridad que salva y cura, que nos compromete a salir de nuestra mediocridad.
Ojalá, tanto los que ejercen autoridad como nosotros cuando nos corresponda, seamos modelados en el ejercicio de tu autoridad; por lo tanto, humildes, modestos, entregados y deseosos de servir hasta el fin. Que nuestra autoridad consista en hacer el bien y en servir amorosamente a los demás. Nuestra motivación sean tus palabras: «no he venido a ser servido sino a servir». Que para nosotros todo sea seguir tu voluntad en amor, entrega y generosidad con nuestros hermanos. Ayúdanos, Señor, para continuar tu misión liberadora con el hombre poseído por los demonios y esclavo del tener, del acaparar, del consumir, del egoísmo, de la soberbia, de la insolidaridad y del desamor. Que nuestras acciones de este día estén encaminadas a servir y amar de corazón. Amén. Un muy feliz y servicial martes. Abrazos y bendiciones.
