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31-may.-2023, miércoles de la 8.ª semana del Tiempo Ordinario

La visitación de la Virgen María

Qué lindo amanecer nos regalas Señor y qué bello día al finalizar este mes que nos has permitido vivir honrando a nuestras madres en la tierra y para honrar cariñosamente a La Madre de la ternura y el amor. Grande fue la alegría de Isabel al verse visitada por la Virgencita. Qué hermoso para nosotros el saber que cada día ella nos visita con su generosidad y ternura y saber que ella nos invita a hacer lo que Tú nos digas. Por toda tu bondad y misericordia, te damos gracias por el amor con que colmas el Corazón de María, Madre tuya y Madre nuestra. Por tu gran bondad nos la has dado a nosotros para que abramos nuestros corazones a tu palabra y a tu amor, de forma que podamos buscar siempre tu voluntad en todo lo que proyectamos y hacemos.

Que ella también toque nuestros corazones y los haga sensibles a las necesidades de nuestros hermanos, en sus tristezas y preocupaciones. Que al finalizar este mes e iniciar otro, lo hagamos en fe y esperanza que será un fabuloso mes lleno de satisfacciones y de alegrías. Que el sudor de estos días que iniciaremos nos ayuden a vivir entregados a tu servicio y el de nuestros hermanos.

Que el Espíritu Santo nos ilumine y nos llene de su amor.

“Como María, salgamos presurosos a ir al encuentro de nuestros hermanos y llevémosle amor, fraternidad, servicio y solidaridad.”

Oración por la fiesta de la Visitación de Santa María

¡No vayas sola, te ruego, por el camino de las montañas de Judea! Tu alma, tan bella y tan pura, esconde un misterio tan amplio, que quisiera yo tomar parte en él. No vayas sola: llévame en tu compañía, en el fervor de tu entusiasmo.

Me esforzaré en andar tan deprisa como Tú, y me será posible gracias al ardor que me comunicarás Tú. Acabas de recibir a Jesús en tu seno y lo llevas con tanta alegría, porque es Él el que te lleva a Ti.

Déjame entrar en la simplicidad de tus pensamientos, en el silencio de tu contemplación. Ayúdame a no tener, como Tú, sino una única preocupación: Cristo.

¡Para penetrar en esta intimidad del Salvador que llena nuestra alma, quisiera beneficiarme en abundancia de la plenitud del Espíritu Santo, que te rebosa, de esa invasión secreta de luz, de amor y de gozo!

Permíteme acompañarte así toda mi vida, porque en cada instante de mi vida tengo necesidad de la intimidad de Cristo y del entusiasmo de su presencia.

¡Déjame ir sin cesar a tu lado, en el fervor de un caminar impulsado por el Salvador, para que, al fin del camino, en el encuentro final, pueda cantar contigo mi Magníficat! (Fuente: Jean Galot. Plegarias a Nuestra Señora)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda pbro.