Por el hecho de contemplar un nuevo día lleno de bendiciones, de ilusiones y ánimo para iniciar nuestras labores, encontraremos motivos para fortalecernos en obras de misericordia y solidaridad, para hacer las cosas con alegría. Hoy nos regalas un gran ejemplo de vida, amor y confianza en ti, Señor: un sacerdote, un humilde hombre de campo, con muy limitadas habilidades para aprender de los libros; sin embargo, contemplativo, abierto al Espíritu y a todo lo sobrenatural, un verdadero hombre de Dios. Cuando se discutió su admisión a la ordenación sacerdotal, él dijo: “Si Sansón pudo vencer y matar a mil filisteos con la quijada de un asno, quién sabe qué podrá hacer el Señor con un burro entero como yo”. Lo nombraron párroco en un pequeño pueblo olvidado de Dios, donde pudiera cometer pocos disparates. Y efectivamente, no hizo nada incorrecto; tanto así que ─a la vuelta de pocos años─ todo el mundo conocía dónde estaba el pueblecito de Ars, porque los instruidos, los ricos y los grandes, lo mismo que los ignorantes, los pobres y los pequeños fueron a buscar su consejo, absolución y ayuda.
Esa historia de amor en san Juan María Vianney es la historia nuestra como tus discípulos y la pregunta que hoy nos diriges: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» ¿Por qué esta pregunta? Tú tienes una identidad clara y eres muy consciente de ello. Tus seguidores no son del todo conscientes de quién eres Tú.
Conocerte para amarte y seguirte de verdad no es algo que se adquiera de una vez para siempre; es un proceso que exige fidelidad, oración, coherencia y esfuerzo para que todo se vaya afianzando en nosotros y así nunca te sustituyamos. Tener presente ese proceso debe animarnos en cada momento de nuestras vidas para responder confiadamente en nuestra profesión de fe: «Tú eres nuestro Dios y Señor». En este jueves vocacional, danos la gracia de tener presente estos dos ejemplos de fidelidad, entrega y confianza: Pedro no dudó en su respuesta; san Juan María también fue espontáneo en la suya; ahora es el tiempo de la nuestra. Amén.
Un muy feliz y espontáneo jueves de respuestas afirmativas. Los abrazo y los bendigo.
Oremos por nuestros párrocos y sacerdotes en cuyo patrocinio está la imagen de san Juan María Vianey.
