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4-ago.-2023, viernes de la 17.ª semana del Tiempo Ordinario

Que (...) no pretendamos buscar más signos que la grandeza de tu amor.

Hermoso amanecer en este primer viernes de nuestro mes de agosto, para sonreírle a la vida y darte gracias como don gratuito por lo que nos concedes. Gracias por darnos como regalo especial a san Juan María Vianney como santo patrono de los párrocos. Danos a todos los sacerdotes el celo, la sabiduría y el corazón compasivo de este hombre humilde que se olvida de sí mismo. Que sobresalgamos en entrega, bondad y santidad, con brazos siempre cálidos y abiertos para acoger y abrazar a todos, especialmente a los que viven en soledad, incertidumbre y desesperanza. Que nuestros humildes y sencillos consejos sirvan a nuestros hermanos para levantar los ánimos y reunir las fuerzas necesarias para seguir adelante. Permítenos en este día sentir y dar el calor humano de nuestras manos que se dan para levantar, palabras que animen y llenen de optimismo y una fe inmensa para seguir confiando en ti.

No permitas que cerremos los ojos del corazón ante las cosas sencillas y los aconteceres de nuestro diario vivir que nos hablan de ti. Que —como nos dices hoy en tu palabra— no pretendamos buscar más signos que la grandeza de tu amor. Permite que la Palabra de este día nos inspire a pasar de la incredulidad a la fe, escuchando y haciendo tu santa voluntad. Bendícenos, guárdanos y guíanos por tus caminos. Amén.

Feliz viernes que nos dispone al descanso y hoy el libro del Levítico nos dice que el descanso es para disfrutarlo en familia y alegría. Felicidades.