Pasar al contenido principal

5-nov.-2023, domingo de la 31.ª semana del Tiempo Ordinario

Vamos iniciando esta mañana y colocamos en las manos del Señor, nuestras vidas, nuestras familias y todo lo que somos y tenemos.

Vamos iniciando esta mañana y colocamos en las manos del Señor, nuestras vidas, nuestras familias y todo lo que somos y tenemos. Terminamos una semana de altibajos, momentos de incertidumbre, pero muchísimos más momentos de alegría y satisfacción, de compartir, de haber llevado alegría y optimismo y ante todo de haber servido.

Tú sigues dirigiéndonos tu Palabra, haz que la escuchemos y la acojamos con todo nuestro ser; que ella cambie nuestras actitudes, nuestra mentalidad y conducta, de forma que dirija nuestras vidas y sea un mensaje vivo. Que los que vean nuestra conducta, y testimonio de vida, se sientan inspirados por ella y la sigan. Tú nos has mostrado lo profundo y fiable de tu amor hacia nosotros. Danos la gracia de que nuestro amor sea tan auténtico como el tuyo, abierto a tu presencia en cada uno de nosotros, capaz de perdonar las ofensas y dispuesto siempre a compartir lo mejor de nosotros. Haz que esto se haga realidad en nuestras vidas; y ante todo que seamos verdaderos discípulos servidores y fieles a tu palabra para que —como dice Pablo— “ellos vean en nosotros auténticos servidores”.

Hoy Domingo, día dedicado a Ti, sea de humildad y sencillez, buscando hacer únicamente tu voluntad y la del Padre celestial; mañana será otro día que generosa y bondadosamente nos regalarás de descanso, sigan siendo días para darte gracias amando y sirviendo. Feliz y fraterno Domingo para hacer tu voluntad.

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Jesús denuncia abiertamente algunos comportamientos negativos de los escribas y de algunos fariseos: «quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas» (v. 6-7). Esta es la tentación que corresponde a la soberbia humana y que no siempre es fácil de vencer. Es la actitud de vivir solo por la apariencia. Después Jesús les da mandatos a sus discípulos: «no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro, y vosotros sois todos hermanos. […] Ni tampoco os dejéis llamar “directores”, porque uno solo es vuestro director: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor» (vv. 8-11). Nosotros discípulos de Jesús no debemos buscar título de honor, de autoridad o de supremacía. Yo os digo que a mí personalmente me duele ver a personas que psicológicamente viven corriendo detrás de la vanidad de las condecoraciones. Nosotros, discípulos de Jesús, no debemos hacer esto, ya que entre nosotros debe haber una actitud sencilla y fraterna. (Ángelus, 5 noviembre 2017)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.