Decir buenos días tiene que significar que a la persona que saludo le estoy deseando que hoy sea un día lleno de bienestar de salud y de cosas hermosas. Por eso, el gozo y la alegría que nos dan el iniciar una nueva semana hace que nuestro corazón comience generosamente a manifestar cómo voy a servir.
Al recordar a los santos japoneses Pablo Miki y compañeros, que vivieron con fervor y admirable paciencia el martirio por amor a ti, hoy te queremos pedir que nos ayudes a no desanimarnos ni desesperarnos en medio de los sufrimientos y obstáculos que se nos puedan presentar.
Nos revelas una actitud muy importante con las palabras “y vio Dios que todo era bueno”, ojalá nos ayudes para que en cada una de nuestras actividades veamos la grandeza de tu amor. Que seamos generosos en el tiempo de nuestros hermanos y en la disponibilidad de nuestro servicio. Danos la oportunidad en este día, Señor, de tocar la Orla de tu manto para que quedemos sanos de nuestras dificultades y podamos sentir la alegría de hacer las cosas según la voluntad del Padre celestial. Amén.
Un próspero y feliz inicio de semana y un lunes muy productivo.
LA ORLA DE TU MANTO
Nosotros también nos acercamos a Ti, desde lo que es nuestra vida; queremos tocarte, queremos que Tú nos toques, impón tu mano sobre nosotros; que te tengamos con nosotros, que sintamos el calor de tu presencia, la fuerza de tu Espíritu. Ven, Señor, impón tu mano sobre nosotros que te necesitamos. Queremos tocar la orla de tu manto; si tocamos la orla de tu manto, seremos sanados de nuestros pesimismos, nuestras angustias y debilidades. Si tocamos la orla de tu manto seremos llenos de alegría y felicidad para compartirla con nuestros hermanos. Déjame tocar la Orla de tu Manto. Amén.
Reflexión
Dios no nos salva solo por un decreto, una ley; nos salva con ternura, nos salva con caricias, nos salva con su vida, por nosotros... En el corazón de esta gente abundaba el pecado. Pero Él iba hacia ellos con esa sobreabundancia de gracia y de amor. La gracia de Dios siempre vence, porque es Él mismo quien se entrega, quien se acerca, quien nos acaricia, quien nos sana. Y por esto, quizá a alguno de nosotros no nos guste decir esto, pero aquellos que están más cerca del corazón de Jesús son los más pecadores, porque Él va a buscarlos, llama a todos: "¡Vengan, vengan!" (papa Francisco).
