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6-jul.-2022 miércoles de la 14.ª semana de del Tiempo Ordinario

Un naciente y esperanzador despertar con el que nos regalas un nuevo día. El silencio de la noche nos regaló un merecido descanso.

Un naciente y esperanzador despertar con el que nos regalas un nuevo día. El silencio de la noche nos regaló un merecido descanso. El ruido de la mañana nos advierte que hay que llenar el corazón de lindos sentimientos de amor y de servicio; de fraternidad y solidaridad. Encomendarnos a Ti al iniciar esta jornada, hace que nuestros sentimientos expresen deseos de fortaleza para realizar todas las labores en esperanza, para vivirla con entusiasmo, paciencia para que nada la obstaculice y confianza en Ti para que sea perfecta. Nos invitas a detenernos y actualizar tus palabras. Como discípulos, tenemos que sentirnos felices porque nos llamas a servirte en nuestros hermanos y hacerlo generosa y fraternalmente. Nos has llamado por nuestro propio nombre y nos envías a llevar amor, consuelo y esperanza, felicidad y alegría. En el servicio, el llamado y el envío, podemos reconocernos y desde allí, podemos mirar nuestra experiencia más significativa que viviremos en este día. Gracias por habernos llamado a tu servicio, sin esperar más recompensa que tus palabras. Ayúdanos a curar la soledad, la tristeza y el desconsuelo de nuestros hermanos que logremos expulsar de los corazones los demonios de la envidia, la pereza y el egoísmo. Con nuestras buenas actitudes digamos a los demás: "el reino de los cielos está cerca".

Con actitudes optimistas y alegres iniciemos este miércoles compartiendo felicidad, amor, solidaridad, fraternidad y generosidad. Bendícenos, guárdanos y protégenos. Amén.

Abrazos fraternos y bendiciones abundantes. Un miércoles de disponibilidad. Los abrazo y los bendigo. Feliz día.

Oración de ofrenda de su día de Santa Teresa de Lisieux

Señor, en el silencio de este día naciente, yo vengo a pedirte paz, sabiduría y fuerza. Quiero ver hoy el mundo con ojos llenos de amor; ser paciente, comprensivo(a) y dulce, ver a tus hijos más allá de las apariencias, como los ves tú mismo y, así, únicamente ver el bien en cada uno de ellos. Cierra mis oídos a toda calumnia, guarda mi lengua de toda maldad; que sólo las palabras que bendicen reposen en mi espíritu. Que yo sea tan benevolente y tan alegre que todos aquellos que se me acerquen sientan tu presencia. Oh, Señor, revísteme de tu belleza y que a lo largo de este día yo te revele. Amén.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda pbro.