Otro día, un nuevo amanecer, ocasión propicia para iniciar con nuevas fuerzas nuestras actividades.
Te pedimos, Señor, al darte gracias por tu bondad y misericordia, nos ayudes a realizar nuestras actividades de este día en alegría y generosidad y ante todo con optimismo. Tú nos invitas a una nueva sabiduría; la sabiduría que nos ayuda a distinguir lo que es importante de lo accesorio, lo que vale de lo que no vale, lo esencial de lo superfluo. Lo espiritual de lo material. En definitiva, una sabiduría que nos ayude en las cosas prácticas de la vida, teniendo claro cuál es el horizonte y el criterio de discernimiento, dejando espacio en nuestra vida para que comprendamos que lo importante no es sólo nuestra preocupación personal, sino nuestra obediencia a la voluntad del Padre.
Permite que nuestra generosidad en el servicio, sea lo primero en nuestra vida. Que las necesidades de nuestros hermanos sean lo primero, ya que sirviéndole a ellos te servimos a ti. Que los valores del Evangelio sean para nosotros la mayor riqueza y que sobre ellos sigamos construyendo el tesoro del amor. Asimismo, que la recompensa no la esperemos en bienes terrenales sino en lo que tú nos has prometido: bienes celestiales. «A Dios lo que es de Dios». Te glorificamos, bendecimos y te damos gracias, Señor.
Feliz y fructífero martes lleno de buenas obras y acciones.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Por un lado, al insinuar devolver al emperador lo que le pertenece, Jesús declara que pagar el impuesto no es un acto de idolatría, sino un acto debido a la autoridad terrenal; por el otro —y es aquí donde Jesús da el «golpe maestro»— reclamando el primado de Dios, pide que se le rinda lo que le espera como Señor de la vida del hombre y de la historia. La referencia a la imagen de César, incisa en la moneda, dice que es justo sentirse ciudadanos del Estado de pleno título —con derechos y deberes—; pero simbólicamente hace pensar en otra imagen que está impresa en cada hombre: la imagen de Dios. Él es el Señor de todo y nosotros, que hemos sido creados «a su imagen» le pertenecemos ante todo a Él. Jesús planteó, a partir de la pregunta hecha por los fariseos, una interrogación más radical y vital para cada uno de nosotros, una interrogación que podemos hacernos: ¿a quién pertenezco yo? ¿A la familia, a la ciudad, a los amigos, a la escuela, al trabajo, a la política, al Estado? Sí, claro. Pero antes que nada —nos recuerda Jesús— tú perteneces a Dios. Esta es la pertenencia fundamental. Es Él quien te ha dado todo lo que eres y tienes. Y por lo tanto, nuestra vida, día a día, podemos y debemos vivirla en el reconocimiento de nuestra pertenencia fundamental y en el reconocimiento de corazón hacia nuestro Padre, que crea a cada uno de nosotros de forma singular, irrepetible, pero siempre según la imagen de su Hijo amado, Jesús. Es un misterio admirable. (Ángelus 22 de octubre de 2017)
