Pasan los días y una nueva semana se va terminando. Hoy te damos gracias, Señor, porque estamos seguros de que tu Espíritu nos moverá a vivir intensamente este viernes, y quieres que lo vivamos primero que todo reconociendo nuestros momentos de dificultad, como nos dice hoy Baruc, sintiendo los momentos en que hemos fallado por nuestra falta de fe o porque hemos desobedecido tus mandatos. Permítenos, Señor, que enderecemos nuestro caminar y vayamos a tu encuentro en nuestros hermanos, practicando lo que tú quieres: la caridad, el servicio y la fraternidad. Danos el poder reconocer tu actuar durante esta semana y que son más las cosas buenas que hemos recibido que las dificultades; que son más las alegrías que las tristezas, que son más las esperanzas que las desesperanzas.
Sea hoy nuestro esfuerzo reconocer tu actuar porque confiadamente sabemos que tú estás en nosotros. Que seamos perseverantes y coherentes en nuestro actuar para que tú estés en nosotros y sean tus acciones y no las nuestras las que se puedan realizar a los demás. Abramos nuestros corazones y dejemos actuar a Dios. Hoy no recibamos el “ay” que tú dices sobre las ciudades que no te escucharon y no se convirtieron; al contrario, escucharte y convertirnos son caminos de ge y esperanza. Bendícenos y que este primer viernes de mes sea de cosas hermosas ya que confiamos y esperamos en ti. Amén.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
«Jesús me habla, te habla, nos habla a cada uno de nosotros. El llamamiento de Jesús es para cada uno de nosotros». Y luego uno se pregunta: «¿Cómo es que esos paganos que, tan pronto como escuchan el sermón de Jesús, van con él y yo, que he nacido aquí en una sociedad cristiana y para mí el cristianismo es como un hábito social, una prenda que me pongo y luego la dejo?». Así es como «Jesús llora por cada uno de nosotros cuando vivimos el cristianismo formalmente, al menos no realmente». (…) existe «la hipocresía de los pecadores, pero la hipocresía de los justos es el temor al amor de Jesús, el temor de dejarse amar». En esencia, el Pontífice observó: «cuando hacemos esto, tratamos de manejar la relación con Jesús». Es como si le dijéramos: «Sí, voy a misa, pero tú quédate en la iglesia que yo después me voy a casa». (…) «un día de examen de conciencia», recomendándoles como un «estribillo» espiritual las palabras pronunciadas por el Señor a las ciudades que no siguieron sus enseñanzas: «“Ay de ti, ay de ti”, porque te di tanto, me di a mí mismo, te elegí para ser cristiano, para ser cristiana, y prefieres una vida a medias, una vida superficial: sí, un poco de cristianismo y de agua bendita, pero nada más». De hecho, explicó, «cuando vivimos esta hipocresía cristiana, lo que hacemos es alejar a Jesús de nuestros corazones. Fingimos que lo tenemos con nosotros, pero lo hemos echado. Somos cristianos, orgullosos de ser cristianos, pero vivimos como paganos». (Homilía Casa Santa Marta, 5 octubre 2018)
