Despertamos con la certeza de contemplar otro día, que te pedimos sea lleno de felicidad y disponibilidad para realizar las labores que, según tu voluntad, nos encomendarás.
Te damos gracias porque tú has venido a sanar nuestras heridas y calmar nuestras fiebres, para ponernos en marcha en el camino hacia ti y hacia nuestros hermanos.
Ayúdanos en nuestros intentos de seguir buscándote aún a tientas y tropezando a causa de nuestra fiebre espiritual. Levantanos, al igual que a la suegra de Pedro, y ayúdanos también a hacer que tu palabra de esperanza y amor sea una realidad en medio de nosotros y que esto sea como la Buena Noticia que estás con nosotros y en medio de nosotros.
Danos tu Espíritu de compasión y de fortaleza para que nos comprometamos a llevar esperanza y optimismo a los que están desanimados, en soledad y tristeza o están postrados por la fiebre de la desesperanza, el egoísmo y la pereza. Danos tu fuerza y fortaleza, porque quizás nosotros somos más débiles que aquellos a los que animamos. Que tu amor y tu bondad nos acompañen hoy para que sean tus palabras y obras las que podamos llevar a los demás. Y como nos dice el apóstol Pablo: "en nuestras oraciones damos gracias a Dios por vosotros". Bendícenos, guíanos y protégenos en compañía de Nuestra Madre Celestial. Amén.
