Cuando decimos gracias nuestro corazón se llena de alegría porque expresa un sincero cariño para reconocer lo que somos y tenemos, la riqueza de la vida, la salud, nuestras familias y amigos. Pero a veces somos desagradecidos ante esto y caemos en quejas como el pueblo de Israel. Las tentaciones de desaliento, la falta de fe y de confianza, las necesidades materiales y las quejas contra Dios no permiten que aprendamos a situarnos en el contexto de nuestro diario vivir, a través de la vida y nuestros desiertos particulares con sus tentaciones, dificultades y sinsabores.
Permítenos que al mirar alrededor comprendamos tu palabra. Multiplica en nosotros la capacidad para amar. Danos valor para poner en práctica las palabras que tu Hijo nos ha dirigido: “Ustedes, denles de comer”. Ayúdanos a compartir con ellos no solo nuestro pan y otras cosas materiales, sino también nuestra alegría y compasión, nuestras esperanzas y nuestro amor. Que confiemos en que bendecirás y multiplicarás generosamente los cinco panes de la fe, la esperanza, la caridad, la bondad y la solidaridad lo mismo que los dos peces de la comprensión y la paciencia. Gracias por un día más de descanso que repara nuestras fuerzas para emprender nuevos caminos de esperanza y nuevos anhelos de servicio pero siempre contando contigo. Amén.
Feliz y descansado lunes y una fiesta patria llena de esperanza.
