Qué bueno eres, Señor, y qué grande tu misericordia por un nuevo día que iniciamos. Nuestros sentimientos son para agradecerte la semana que terminamos y las satisfacciones que de ti recibimos. Hoy en tu palabra, Señor, te proclamas como el «novio» y anuncias unos tiempos nuevos y gozosos, donde la vida, el encuentro, la comida, la fiesta, la misericordia, la sanación de los enfermos, el alivio para los cansados y agobiados, traen esperanza y motivos de alegría. Y nos llamas «bienaventurados», con una invitación y proclamación de la felicidad en Dios.
Son tiempos nuevos, en los que llenamos de fe y esperanza nuestros corazones y nos embriagamos con el vino nuevo del amor, del servicio y la disponibilidad. No vayas a permitir, Señor, que echemos este delicioso vino de tu bondad en los odres viejos de nuestra pereza, nuestras angustias y desencantos, nuestros egoísmos y mentiras. Regálanos un espíritu totalmente renovado capaz de amar y que sepa aprovechar nuestros momentos de descanso y que no decaiga en seguirte y cumplir tu voluntad. Amén. Un muy descansado y reparador sábado. Bendiciones.
