Gracias, Señor, por regalarnos un día más de vida, salud y bienestar. Ahora nos queda corresponder a tu amor y misericordia, amando y sirviendo a los demás según tu voluntad.
Hemos aceptado tu invitación a seguirte como discípulos tuyos y no sabemos lo que el futuro nos deparará. Sin embargo, estamos dispuestos a vivir con alegría y esperanza, sin temor ni desaliento. Danos la fuerza de tu Espíritu para tomar en serio nuestra fe y para aceptar con todas sus consecuencias nuestra misión de anunciar y servir a nuestros hermanos. Deseamos aprender de ti a sentirnos totalmente comprometidos para entregarnos en servicio generoso a ti, para buscar sinceramente tu voluntad en todo lo que hacemos. Te pedimos nos ayudes a tener la fortaleza necesaria para saber —como nos dice hoy tu Apóstol Pablo— que a nadie debemos nada más que amor; este amor es el de la cruz que debemos llevar cada día con alegría y esperanza, ya que no es pesada porque tú nos ayudas a llevarla. Que nuestra carga sea ligera y nuestro yugo llevadero. En ti confiamos, en ti esperamos y a ti nos acogemos.
Vivamos y construyamos el amor. Amemos con el corazón y desde el corazón para que nuestros cimientos sean sólidos y construyamos sobre roca firme. HOY “NUESTRA CARIDAD SEA CONSTANTE Y NUESTRO AMOR GENEROSO”.
