Al abrir nuestros ojos, nuestros oídos y nuestra mente, se alegra nuestro corazón y nuestros sentimientos son de agradecimiento. Nos has dado una semana que ha significado momentos de alegría y momentos de incertidumbre. Hoy nos darás oportunidad de meditar lo que significan nuestras familias y nuestras vidas, que son tu viña, Señor. La has creado y cuidado con amor. Los pones en nuestras manos. Ahora somos responsables de recoger la cosecha, de vivir nuestras vidas en fraternidad, en amor, en comprensión y en justicia. El fruto que Tú quieres es nuestra vida. No somos dueños de ella, es un regalo que el Padre nos ha dado y que nos pide que cuidemos de ella con amor, que la hagamos crecer en libertad y fraternidad. Hoy te pedimos, Señor, que no nos abandones, para que no caigamos en la tentación de creernos que la vida es nuestra. Permítenos que todas las mañanas, al empezar el día sepamos mirar con los ojos del corazón y reconocerte como nuestro Dios y Creador y te digamos que vamos a seguir trabajando en tu viña, para hacer todo más justo y más fraterno. Porque ese es el fruto que quieres que te demos. Acompáñanos a lo largo de este día que iniciamos para que no nos sintamos lejos de tu presencia misericordiosa y para que nunca caigamos en la tentación de apoderarnos de tu viña. Permite que tengamos el mismo cariño que tú has tenido para con tu viña para que nuestros frutos sean uvas de esperanza y no agrazones de envidia, uvas de servicio y entrega y no agrazones de desesperanza. Que tu cántico sea de amor por tu viña. Feliz día de descanso y retomemos fuerzas para iniciar con optimismo y alegría, con fe y confianza una nueva semana. Gracias por este día dedicado a tu amor y compartido en familia y vivido en amor y armonía. Amén.
Los abrazo y los bendigo.
