En esta mañana nuestro corazón recuerda con cariño todo lo que hemos recibido de tu bondad y generosidad. Gracias, Señor, por el don de la vida y la salud; gracias por darnos este día para compartir con nuestros hermanos nuestra propia vida, lo mucho o lo poco, y nuestra mayor riqueza que eres Tú.
Hoy en nuestra reflexión de tu Palabra no pretendemos ser desagradecidos, como el pueblo de Israel, sino ver la riqueza que has regalado a nuestras vidas: nuestras familias, las personas que amamos, el servicio y nuestros bienes, nuestros amigos y la posibilidad de laborar. Todo esto es lo que podemos ver como la tierra prometida. Gracias, Señor, por la fe que nos das, pese a que algunas veces pareciese que no la lleváramos en nosotros mismos; desconfiamos porque caemos en el pesimismo y no insistimos.
Danos la ocasión de ser como la mujer Cananea, para que encontremos en nuestras necesidades la respuesta que le diste: “Mujer, qué grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas". Que ahora nuestra fe y optimismo sea unida a ti para que nuestros buenos deseos sean realidad. Permítenos recorrer el camino de este día haciendo el bien a todos los que crucen nuestro camino y que en la alegría de sabernos tus discípulos llevemos tu presencia de amor, bondad y misericordia. Amén.
Meditemos en este día con tus palabras: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; golpead y se os abrirá”.
Feliz y alegre miércoles bendecidos, guiados y protegidos en tu amor y el auxilio de nuestra Santísima Madre.
