Hoy, Señor, te damos gracias por la grandeza de tu amor por este maravilloso día y porque llenas nuestros corazones de fe esperanza y caridad. Qué alegría saber que hoy homenajeamos a tu Santísima Madre y Madre nuestra. Que en este día Nuestra Señora la Virgencita de Chiquinquirá nos ayude con su con su intercesión y su ayuda.
Muchas veces, Señor, presentamos un rostro que no es verdaderamente el nuestro. Podemos sonreír, pero el verdadero rostro que es el del corazón tiene el verdadero rostro. Presentamos una hermosa fachada, cubrimos las apariencias, pero detrás y debajo se esconde la verdad de nuestra vida, que a veces es muy diferente, vacía, oscura y llena de desesperanzas. Hoy te pedimos nos ayudes a abrir los ojos a nuestra realidad, a no negar lo que no nos gusta de ella, a asumir que hay partes de nuestra vida que no son brillantes, ni están llenas de luz ni nos hacen sentir felices. Danos la oportunidad de acogernos a tu compasión y tu misericordia. Los que nos sentimos cansados, los que no terminamos de encontrar sentido a tantas situaciones negativas de injusticia, falta de amor, de individualismo y de violencia. Pero hoy queremos mostrar a nuestros hermanos nuestro verdadero rostro: el de la misericordia, el del amor y la esperanza, de la fe y la caridad, de la felicidad. Qué hermoso poder comprender tus palabras y hacerlo desde la sencillez de nuestros corazones. No importan nuestras cargas pesadas, porque tu yugo es llevadero y tu carga, ligera. Abre nuestros corazones para que podamos reconocer que, al final, dependemos de tu amor porque sólo de ti nos puede llegar la verdadera paz, el auténtico consuelo, el seguro descanso. Hoy sea un día para llenarnos de fe y alegría no importa que el mundo nos quiera derrotar. No importan los obstáculos que se presenten. No importa nuestro agobio y dificultades ya que lo primero que tenemos que escuchar son tus palabras: “venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré". Tus palabras nos llenen de ánimo para que verdaderamente caminemos en tu presencia y recordemos que únicamente en ti encontraremos nuestro verdadero descanso. Te alabamos, te bendecimos, te adoramos y te damos gracias en este día y siempre, Señor.
Un muy feliz esperanzador y optimista domingo para todos.
ORACIÓN A LA VIRGENCITA
¡Oh Santa Madre!
Virgen del Rosario de Chiquinquirá, te bendecimos, te invocamos, te veneramos, bajo tu patrocinio nos acogemos y a tu inspiración nos encomendamos.
Tú viniste ¡Oh, Madre Reina y Amada! en celeste aparición a enseñarnos el Amor a Tu Divino Hijo Jesucristo y a conseguir con fervor las gracias por el Santo Rosario.
Reina de nuestros corazones, abogada de los casos más desesperados; Madre pura y compasiva; Madre del Amor Divino y llena de Luz Divina, pongo en tus tiernas manos el favor que aquí te pido: ..................................,................
¡Oh Virgen milagrosa!, apiádate de nuestras miserias, de nuestros corazones, de nuestras lágrimas, de nuestras aflicciones y de nuestros sufrimientos del espíritu.
Acudo a Ti Madre mía, para que, por medio de tu Divino Hijo, nuestro Señor Jesucristo, sea escuchado mi desesperado ruego.
Yo prometo que al ser oída mi súplica difundiré tu Gloria ¡Oh Madre Reina mía! yo propagaré tu nombre como Madre de nuestros corazones y Reina del Universo.
Te ruego que me oigas postrado ante tu altar, donde a diario nos das tantas pruebas de tu Amor y de tu Poder, consiguiéndonos la salud del cuerpo y el alma y la solución a nuestros problemas y necesidades, intercediendo ante tu Hijo por los ruegos con que a Ti llegamos.
Jamás perderé la esperanza en Ti, ¡oh Madre! Virgen Reina nuestra, y pídele a Nuestro Señor Jesucristo que perdone nuestros pecados y que nos de fortaleza para que perseveremos en nuestra fe hasta el fin, y así gozar de su Amor y salvación.
¡Oh Virgen Reina de nuestros corazones! sáname de cuerpo y alma pues ¡en Ti confío!
¡Oh Virgen milagrosa! Reina de nuestros corazones, guíanos y protégenos de todo mal y peligro, de las asechanzas del enemigo pues ¡en Ti confío!
¡Oh Virgen! fortalece nuestra fe, para que nos mantengamos en unión contigo y junto a tu Hijo amado Jesucristo, ¡en Ti confío! Amén.
Padre Nuestro, Salve y Gloria.
