Pasar al contenido principal

DÉCIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C (JULIO 31 DE 2022)

LA SEDUCCIÓN DEL CONSUMISMO

MONICIÓN DE ENTRADA

Hoy la liturgia nos invita a reflexionar sobre nuestra vida actual. ¿Nuestra vida tiene valor o es vanidad? Si ponemos todos nuestros esfuerzos en las cosas del mundo, no tenemos seguridad.

Solamente Dios puede darnos paz y tranquilidad. En la palabra de Dios se nos iluminará la fe sobre los auténticos valores para el cristiano.

El pan de la vida está en Cristo; es él mismo.

No esperemos multiplicaciones milagrosas de panes. Hay un proyecto de Dios que, si lo aceptamos, convertirá al mundo en una mesa de tierra de paz para todos. De pie para recibir la procesión mientras cantamos con alegría.

 

MONICIONES A LAS LECTURAS

Las lecturas de hoy nos invitan, por tanto, a reflexionar sobre nuestra relación con el dinero, con las riquezas en general. El pasaje del Eclesiastés nos pide tener cuidado con poner una confianza absoluta en las riquezas materiales. El pasaje del evangelio de Lucas insiste en esta advertencia y la carta a los Colosenses nos recuerda que, por el bautismo, nos hemos comprometido a llevar una vida nueva en Cristo. Ésa es nuestra auténtica riqueza. Atesoremos en el cielo, escuchando atentamente esta Palabra.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Eclesiastés (1,2;2,21-23)


¡Vanidad de vanidades!, —dice Qohélet—. ¡Vanidad de vanidades; todo es vanidad!

Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado. También esto es vanidad y grave dolencia.

Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?

De día su tarea es sufrir y penar; de noche no descansa su mente. También esto es vanidad.

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna.

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

 

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando?
Ten compasión de tus siervos.

 

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos.

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
 

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3,1-5.9-11)

Hermanos:
 

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
 

Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.
 

En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría.
 

¡No os mintáis unos a otros!: os habéis despojado del hombre viejo, con sus obras, y os habéis revestido de la nueva condición que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen de su Creador, donde no hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo y libre, sino Cristo, que lo es todo, y en todos.

Palabra de Dios

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,13-21)

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús

«Maestro, dije a mi hermano que reparta conmigo la herencia»

Él le dijo:

«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».

Y les dijo:

«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».

Y les propuso una parábola:

«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:

“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo:

“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.

Pero Dios le dijo:

“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así es el que atesora para SÍ y no es rico ante Dios».

Palabra del Señor.

 

HOMILÍA

1.- LA RIQUEZA ME DESPERSONALIZA. Si caemos en la cuenta, ese rico que ha tenido una gran cosecha no habla con nadie; sólo habla consigo mismo: ¿Qué haré? Ya sé qué haré: “construiré grandes graneros”, “Diré a mi alma”: tienes bienes para muchos años. Come, bebe, banquetea… Allí no aparecen ni su esposa, ni sus hijos, ni sus padres, ni sus amigos. Sólo él y su alma. Cuando uno habla solo, solemos decir: éste anda mal del tejado. Por lo demás, si la persona está hecha para el diálogo, la conversación, la comunicación…aquí tenemos a un hombre disminuido, discapacitado. Un hombre que no era hombre. Es verdad que sabe agrandar sus graneros, pero no sabe ensanchar el horizonte de su vida. Acrecienta su riqueza, pero empequeñece y empobrece su vida. Acumula bienes, pero no conoce la amistad, el amor generoso, la alegría ni la solidaridad. No sabe dar ni compartir, sólo acaparar. ¿Qué hay de humano en esta vida? El evangelio NOS HABLA DE LA CURACIÓN PROGRESIVA DE UN CIEGO. ¿Qué ves?  Veo hombres como árboles que andan. Vida meramente vegetativa. Ni siquiera vida animal porque los árboles no sienten. “Engarza en oro las alas del pájaro y ya no podrá nunca volar al cielo”. (R. Tagore).

2.- LA RIQUEZA ME ENTONTECE. La palabra clave para entender esta parábola es «Necio «. Del latín «nescio», que significa literalmente: «no sé». Necio es el que no sabe qué hacer con su vida. Le han dado posibilidades, talentos, tesoros para negociar y ser cada día más persona: crecer, madurar, realizarse; pero como es un ignorante, malogra su vida, entierra sus talentos, vive superficialmente atrapado por el “tener” “poseer” “acumular” sin caer en la cuenta de que su vida tiene fecha de caducidad y, en cualquier momento, se la pueden quitar. Esto es una parábola. Es lo que le ocurrió a un hombre del siglo primero y lo que nos sigue ocurriendo también a los del s. XXI. Sabemos que tenemos que morir, pero no nos lo creemos y somos los eternos ignorantes. Lo decía muy bien el poeta: “El hombre está entregado al sueño, de su suerte no cuidando, y con paso callado, el cielo vueltas dando, las horas del vivir le va hurtando” (Fray Luis de León) Sensación de vacío, de frustración, de haber perdido el tiempo, de haber sido robado.

3.- LA RIQUEZA ME ENVILECE. Cuantas vilezas y miserias con el afán de dinero. Pensemos en la droga, en la trata de mujeres etc. Pensemos en los políticos: de uno y otro bando: Nos parecían buenas personas, pusimos la confianza en ellos. Después hemos descubierto que eran unos corruptos. Algunos están en la cárcel. Pensemos en las familias. Los padres toda la vida trabajando por sus hijos. Llega la muerte y en el reparto de la herencia vienen las rupturas. Pensemos en los ancianos en la residencia. Me decía la madre de una casa de las hermanitas de ancianos desamparados: “No los vienen a ver en vida, pero cuando mueren acuden todos preguntando por las cartillas”. Sólo les interesa eso. ¿No es esto una vileza y una miseria?

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

  1. Por nuestra Santa Madre Iglesia, para que siga conduciéndonos con sabiduría hacia los verdaderos tesoros del Reino de los Cielos. Oremos.
  2. Por los políticos, para que olviden sus intereses personales y no caiga en lógicas humanas aburguesadas, sino que promuevan el bien social que proviene de la justicia según Dios. Oremos.
  3. Por los que atesoran las riquezas de este mundo, para que sepan compartirlas con los más necesitados. Oremos.
  4. Por todos nosotros, para que usemos la sabiduría divina y busquemos los verdaderos tesoros del Reino de los Cielos. Oremos

 

EXHORTACIÓN FINAL

 

A la luz de tu palabra, Señor, te pedimos en este día

nos concedas asimilar la bienaventuranza de la pobreza efectiva

y de espíritu, para que no sucumbamos a la idolatría consumista.

Libéranos, Señor, de la sutil seducción del consumismo en boga

para que, libres de la tiranía monetaria del tener y gastar,

entendamos que nuestra vida no depende del cúmulo de bienes

que amontonemos, sino de las riquezas y dones de tu reino.

 

Queremos, Señor, compartir nuestro pan con los demás,

invirtiendo nuestros haberes, tiempo y cariño con los más pobres.

Así seremos ricos ante ti y alcanzaremos el secreto tesoro

de la felicidad evangélica: amar a Dios y a los hermanos.

Amén.