“Jesús les dijo: «Vengan ustedes a solas a un sitio tranquilo a descansar un poco»…”
( Marcos 6, 30-34 )
Los discípulos, enviados por Jesús para anunciar su Evangelio, vuelven encantados y entusiasmados. Les falta tiempo para contar a su Maestro todo lo que han hecho y enseñado. Al parecer, Jesús quiere escucharlos con calma y los invita a retirarse «ellos solos a un sitio tranquilo a descansar un poco».
La gente les estropea todo su plan. De todas las aldeas corren a buscarlos. Ya no es posible aquel descanso tranquilo a solas que había proyectado Jesús con sus discípulos más cercanos. Para cuando llegan al lugar, la muchedumbre lo ha invadido y ocupado todo. ¿Cómo reaccionará Jesús?
El evangelista Marcos describe con detalle su actitud. A Jesús nunca le estorba la gente. Fija su mirada en la multitud. Sabe mirar, no sólo a las personas concretas y cercanas, sino también a esa masa de gente formada por varones y mujeres sin voz, sin rostro y sin importancia especial. Enseguida se despierta en Jesús la compasión. No lo puede evitar… «… se compadeció de ellos». Los lleva todos muy dentro de su corazón.
Nunca los abandonará. Los «porque andaban como ovejas que no tienen pastor»: gentes sin guías para descubrir el camino de Dios. Por eso, «se puso a enseñarles mucha cosas», dedicándoles tiempo y atención para alimentarlos con su Palabra salvadora.
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán

