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DOMINGO 2° DE PASCUA, 8 de abril

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Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a ustedes.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría de ver al Señor.

Jesús repitió: «La paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo.»

 ( Juan 20, 19-31 )

 

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana: los discípulos están viviendo un día extraordinario. Es el día siguiente al sábado judío, en el momento en el que Juan escribe su Evangelio (al finales del siglo I), es ya para la comunidad de discípulos de Jesús “el día del Señor”, o “Dies Domini”, es decir, Domingo… y tiene más importancia que la tradición del sábado para los Judíos.

”…estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas…”una anotación para indicar que el cuerpo de Jesús Resucitado, aún siendo reconocible, no está sujeto a las leyes ordinarias de la vida humana.

“La paz a ustedes”:no es un deseo, sino la paz que había prometido cuando estaban afligidos por su partida, la paz mesiánica, el cumplimiento de las promesas de Dios, la liberación de todo miedo, la victoria sobre el pecado y sobre la muerte, la reconciliación con Dios, fruto de su pasión, don gratuito de Dios. Se repite por tres veces en este pasaje.

”…les enseñó las manos y el costado”: Jesús refuerza las pruebas evidentes y tangibles de que es Él el mismo que ha sido crucificado. Sólo Juan recuerda especialmente la herida del costado producida por la lanza de un soldado romano, mientras Lucas tiene en cuenta las heridas de los pies. Al mostrar las heridas quiere hacer evidente que la paz que Él da, viene de la cruz. Forman parte de su identidad de Resucitado.

  

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.

Canónigo Catedral - Párroco San Luis Beltrán