“… Una voz grita en el desierto:
¡Preparen el camino del Señor! ¡Ábranle vías rectas!
Toda hondonada debe rellenarse, todo cerro y colina rebajarse.
Que lo torcido se enderece, que se allanen los senderos escabrosos.
Y verán todos los mortales la salvación que trae Dios”.
(Lucas 3, 1-6 )
En nuestro mundo hay violencia y guerra, miles de inocentes mueren cada día a consecuencia de la intolerancia y el fanatismo. Para que se obtenga la paz, valor tan deseado, es necesario primero que los montes elevados se abajen, que los valles se llenen y se eleven, que lo torcido se enderece y los senderos se allanen… Es decir, que se vuelva al orden natural querido por Dios que ha destinado los bienes de este mundo para todos. El Papa Francisco ha dicho en su resiente visita a África que para acabar con el terrorismo es necesaria la educación para la tolerancia y acabar con la injusticia y la miseria que sufren tantos jóvenes sin futuro. Mientras no seamos capaces de recrear el mundo querido por Dios no será posible la paz. Es necesario que los poderosos se despojen de su orgullo y los ricos y opulentos compartan su riqueza para que estalle la paz en el mundo… es decir, el primer objetivo es la justicia distributiva. Antes que la caridad está la justicia… de lo contrario se trata más bien de simples "limosnas".
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo y Párroco San Luis Beltrán

