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El amor de Dios por la humanidad es la fuente del anuncio del Reino que hace Jesús

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El Reino no es teoría, no es adoctrinamiento; es la respuesta desde el amor entrañable que Dios siente por la humanidad.

En el evangelio de la misa del domingo pasado leímos cómo Jesús envió a los Doce con instrucciones precisas para la misión; hoy, tenemos a los apóstoles de regreso de los trabajos apostólicos, entonces Jesús les propone a los misioneros tomar distancia de las actividades buscando un tiempo de respiro.

El evangelio de la misa de hoy (Marcos 6, 30-34) tiene dos partes. En la primera se narra el regreso de los misioneros después de cumplir el trabajo para el que fueron enviados; en la segunda leemos una breve descripción de la situación del pueblo, que Marcos propone como contexto para la revelación de Jesús como el auténtico pastor de Israel.

Los Doce regresan de la misión con muchas historias y también varias preguntas. En este ambiente de confidencialidad, Jesús le proponer al grupo un cambio de escenario: tomar distancia de las actividades; esto servirá para cultivar la interioridad. El libro del Génesis nos cuenta que después de seis días de trabajo, «el día séptimo, al terminar Dios su obra, descansó de todo lo que había hecho» (Génesis 2, 2). Tenemos, entonces, que el grupo del Maestro y sus apóstoles se sumerge en el ciclo de la naturaleza que establece tiempos de actividad y tiempos de descanso.

En la propuesta de Jesús, este tiempo de solaz después de la actividad no es algo vacío, por el contrario, es ocasión para airear el espíritu. Este cambio de escenario que Jesús propone sirve para marcar distancia respecto del trabajo y de esta forma tomar conciencia de la obra de Dios. El cambio de actividad es necesario para que el discípulo se complemente con otros aspectos de la vida humana diferentes al trabajo evangelizador que llega a absorber la vida entera, «porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer».

En la segunda parte del evangelio de hoy, tenemos lo que aparentemente pudo significar la frustración del plan original: «Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron», de modo que al desembarcar Jesús con sus discípulos de nuevo se encuentran con la multitud. La búsqueda insistente de la multitud ha servido para que Jesús note la situación del pueblo: «andaban como ovejas que no tienen pastor».

Ahora los discípulos tendrán ocasión de aprender otra lección. La situación del pueblo es de orfandad, pues aunque hay sacerdotes y rabinos, aunque están el rey y las autoridades, Israel está abandonado y huérfano.

En la segunda parte del evangelio de hoy Jesús aparece revelando el amor de Dios por su pueblo cuando desde la compasión empieza a enseñarle muchas cosas. A lo largo de su relato, el evangelista en varias ocasiones refiere que Jesús enseña o predica a la gente, pero solo al inicio explicita el contenido de esta enseñanza: «Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Conviértanse y crean en el Evangelio”.» (Marcos 1, 14b-15).

La situación desamparada en la que está el pueblo mueve a Jesús a anunciar el Evangelio; visto desde esta perspectiva, el Reino no es teoría, no es adoctrinamiento; es la respuesta desde el amor entrañable que Dios siente por la humanidad.

En el relato de Marcos, Jesús responde a la situación de orfandad del pueblo con una amplia enseñanza, a continuación de esta enseñanza se presenta el banquete del pan repartido en abundancia, el leccionario de la misa nos propone en este punto la lectura del capítulo seis del evangelio según San Juan, que narra precisamente el don del pan que da la verdadera vida.