No hablamos de cuánto cuesta tu hora profesional, tus honorarios o tu sueldo. Hablamos de todo tu tiempo: de tu vida. Del tiempo que pasas con tu familia; con tus amigos; el tiempo de vacaciones; el tiempo de descanso; de renovación; de diversión. ¿Cuál es el verdadero valor de tu tiempo?
Difícil de responder... ¿verdad? Te invito a "tomarte un tiempo" y reflexionar acerca del uso que le damos al tiempo (nuestra vida).
Para comprender... el valor de un año... piensa en un estudiante que debe repetir…
¿Qué valor tiene un mes?... pregúntale a la madre de un bebé prematuro…
¿Deseas saber el valor de una semana? ... pregúntale al editor de una revista…
¿Cuál es el valor de un día? ... piensa en un niño al final de sus vacaciones…
Interesante... ¿no es así? Diferentes personas, en diferentes roles y situaciones, valoran distintas unidades de tiempo de manera diferente. Pero veamos aún más...
¿Cuál será el valor de una hora... para quien espera ser rescatado?
¿Deseas saber el valor de un minuto? ... pregúntale a quien acaba de perder su vuelo.
¿Cuánto valor tuvo un segundo... ...para quien se salvó de ser atropellado?
¿Conoces el valor de un milisegundo? ... piensa en el atleta que obtuvo la medalla de plata.
Ninguna de estas personas podría "comprar" el tiempo que no tiene. Más que dinero... ¡el tiempo es vida!
El tiempo no se "tiene", no se "adquiere", no se "gana" ni se "pierde", no es algo externo a nosotros como el dinero, sino que es una percepción interna. Y como tal, es una experiencia personal que cada quien recorre a su manera.
El valor del tiempo es único para cada persona, en cada circunstancia de su vida.
Espero que esta reflexión, que alguien me regalo, te haya aportado una nueva visión sobre "tu tiempo" y que -a partir de ella- tus hábitos, tus acciones y tus respuestas hacia los estímulos y requerimientos diarios de todo tu entorno... cambien.
Ya sabemos que no es fácil el cambio, que tienes que responder el teléfono ahora mismo, que tienes que completar esa planilla, que tienes que preparar la reunión, sacar las entradas del cine, recibir al invitado, ayudar a tu hijo a hacer las tareas, limpiar la casa, hacer el presupuesto y pagar las cuentas... Si, sientes que es demasiado, pero tienes la intención de cambiar, simplemente inténtalo, vale la pena, “en vida, amigo, en vida…” y este es tema de otra reflexión.
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