En el evangelio de la misa de hoy (Mateo 13, 44-52) reconocemos dos partes, la primera contiene tres nuevas historias mediante las cuales Jesús expone el proyecto del Reino, en la segunda parte, muy breve, tenemos el epílogo del sermón en parábolas. Las tres historias guardan cierta semejanza en su estructura, pues inician con una breve presentación del objeto de comparación ‒sujeto‒, luego se pasa a narrar unas acciones ‒predicado‒.
Al escuchar la historia del tesoro escondido seguida por la del comerciante la secuencia nos lleva a pensar en primer lugar en el Reino como una oportunidad que no hay que dejar escapar, ello exige actuar con prontitud y resolución. En cada una de estas dos historias se repite «va a vender todo lo que tiene». La expresión ‘vender todo’ es también la exigencia al joven rico (véase Mateo 19, 21) y la recibimos como una invitación a la radicalidad en el seguimiento. No se puede participar del proyecto del Reino sin asumir la pobreza como elección libre y gozosa: «lleno de alegría va a vender todo lo que tiene».
La enseñanza en parábolas dentro del relato del evangelio según san Mateo se cierra con una pregunta de Jesús a sus discípulos y la confirmación con una breve comparación. Esta conclusión del sermón en parábolas coincide con el tema del inicio, pues la primera historia (la del hombre que salió a sembrar) como la breve comparación del final (el dueño de casa que va sacando cosas nuevas y cosas viejas) no tienen por objeto exponer el proyecto del Reino sino llamar la atención sobre los receptores del mensaje; la historia de las semillas que van a parar a diferentes clases de terreno planteó el tema del entender: «lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende», la comparación del cierre busca confirmar la respuesta de los discípulos que dicen haber entendido toda la enseñanza en parábolas.
Sorprende que Jesús refiera la última comparación a «un escriba que se ha hecho discípulo del Reino» y no a los discípulos. Primeramente, se podría pensar en los maestros judíos de la Ley que han acogido el Evangelio, pero también en los que van acompañando y orientando a los hermanos en las comunidades cristianas. Tanto en uno como en otro caso la imagen se puede aplicar al valor de la Tradición en la conformación del discípulo.
La conformación del discípulo conlleva el doble movimiento de recibir y entregar. Recibir de las experiencias de quienes lo han precedido y apersonarse de aquello recibido para luego entregarlo a quienes vienen detrás (véase 1Corintios 15, 3). Aquello que se recibe de los que nos han precedido es lo que constituye la ‘memoria común’ de la Iglesia, pero esta memoria, así como se ha acumulado con las experiencias de las generaciones precedentes, también se enriquece con la vivencia de la presente generación.
Ir «sacando lo nuevo y lo antiguo» es todo lo opuesto a vivir con recetas que sirvieron a otros en otros tiempos y con otras circunstancias; la enseñanza en parábolas nos estimula a descubrir el Reino como la acción de Dios escondida y que como fruto de la evangelización se va acompañando conscientemente, entonces la pobreza se vive como un valor, la alegría como una característica de ser discípulo, el perdón como expresión de haber acogido la gracia…

