En el contexto de la predicación de Jesús esta ‘estrategia pedagógica’ no consiste llanamente en acudir a narraciones de episodios cotidianos para acercarse a las clases populares y ganar adeptos entre la multitud, la intencionalidad de la enseñanza en parábolas va en otra dirección.
El evangelio de la misa de este domingo (Mateo 13, 1-23) tiene cuatro partes diferentes, la primera sirve para situar a Jesús y los oyentes del sermón, en la segunda Jesús propone una primera historia, en la tercera tenemos un diálogo entre Jesús y los discípulos y en la cuarta encontramos una explicación alegórica de la historia narrada en la segunda parte. Veamos las tres primeras.
Al establecerse la situación de Jesús y los oyentes, lo más importante es la partición del auditorio de Jesús en dos grupos, el primero está conformado por la multitud que está en la playa, a ellos el evangelista se referirá con el pronombre ‘ellos’; el otro grupo son quienes comparten la barca con Jesús, entendemos que se trata de los discípulos. Esta diferencia entre la multitud y los discípulos se mantiene a lo largo del sermón en parábolas.
En la segunda parte del evangelio de hoy Jesús narra la historia de una labor campesina: un sembrador que esparció las semillas en un campo. La narración propuesta por Jesús repara en los diferentes lugares a donde fue cayendo la semilla y sin referir el paso del tiempo, la historia va asegurando los resultados previsibles de cada una de las situaciones a donde fue a parar la semilla lanzada. Los familiarizados con las actividades agrarias encuentra normal la historia, aunque les causará extrañeza el desafío final del narrador: «¡El que tenga oídos, que oiga!».
En la tercera parte tenemos la reacción de los discípulos; ellos manifiestan a Jesús que quienes lo oyen estando de pie en la playa son inhábiles para responder con acierto al desafío planteado al final de la historia: «¿Por qué les hablas en parábolas?».
La respuesta de Jesús nos recuerda el evangelio de hace ocho días, la alabanza de Jesús al Padre en la que refería dos grupos o situaciones de personas: los pequeños a quienes el Padre les revela los secretos del Reino y los sabios y entendidos para quienes el Reino permanece oculto. En la escena de hoy, de nuevo dos grupos de personas: los discípulos y la multitud que escucha de pie en la playa.
La razón de esta diferencia la expone Jesús a través de un proverbio: «Al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene».
Comentando este proverbio Jesús expone el fundamento de su enseñanza en parábolas: «por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver …». Porque miran sin ver y oyen sin entender. Jesús está reclamando pasar de ser un mero oyente para buscar la comprensión del texto.
Las parábolas son una estrategia pedagógica que busca implicar al oyente incitándolo a buscar una interpretación de la historia narrada. En otras palabras, Jesús pone de manifiesto que la multitud que lo escucha desde la playa viene mirando sin ver, escuchando sin oír. Podemos concluir con lo dicho hasta aquí que, porque no tienen deseo de entender, por eso les habla en parábolas.
Ahora la atención se desplaza hacia lo que pudiera significar ‘querer entender’; para ello Jesús echa mano del libro de Isaías (6, 9) una cita que termina dejándonos en claro la razón: No quieren convertirse para que Dios los cure. Contrasta esta situación con la de los pequeños (los discípulos) a quienes Dios sí les revela los secretos del Reino.
De modo que para quien no esté dispuesto a seguir el camino del discipulado, las enseñanzas de Jesús no pasan de ser historias cotidianas; pero a quien asume el estilo de vida del Maestro el Padre le va revelando el proyecto del Reino.

