FIESTA DE SANTA MARIA VIRGEN Y MADRE (ENERO 1 DE 2023)
MONICIÓN DE ENTRADA
Bienvenidos queridos hermanos a la celebración de esta Santa Misa, en la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, con la que también celebramos la Jornada Mundial de la Paz.
La fiesta de hoy tiene varias direcciones: es el comienzo del año civil (la más popular), es la octava de la Navidad, el día en que Jesús fue circuncidado y le pusieron ese nombre, la jornada de oración por la paz (que podría motivar de modo especial la oración por la paz del mundo y el gesto de la paz mutua antes de comulgar). Pero, sobre todo, es la solemnidad de Santa María Madre de Dios.
Aunque el protagonista de todo el tiempo de la Navidad es Cristo Jesús, el recuerdo de la Virgen en la octava de la Navidad no le quita al Hijo ninguna importancia y nos ayuda a todos a vivir mejor la Navidad.
Comencemos esta Santa Misa con mucho gozo. De pie y cantamos…
MONICIÓN PARA TODAS LAS LECTURAS
En el inicio de un nuevo año todos deseamos también el comienzo de algo nuevo. las lecturas que ofrece la liturgia de hoy están en consonancia con todo ello, pues todas hablan de bendición. La fórmula del libro de los Números expresa el deseo de que Dios proteja a su pueblo. En el evangelio, la bendición se hace carne con el nacimiento de Jesús. La bendición, en la segunda lectura, se muestra en el ser hijos, no esclavos, herederos de la casa de Dios.
Escuchemos con mucha atención.
PRIMERA LECTURA
Lectura del Libro de los Números 6, 22-27
El Señor habló a Moisés:
«Di a Aarón y a sus hijos: Esta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:
«El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor;
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz».
Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré».
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
El Señor tenga piedad y nos bendiga.
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros:
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
El Señor tenga piedad y nos bendiga.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud,
y gobiernas las naciones de la tierra.
El Señor tenga piedad y nos bendiga.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R.
El Señor tenga piedad y nos bendiga.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 4-7
Hermanos:
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá! (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
Palabra de Dios
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21
En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.
Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Palabra del Señor.
HOMILIA
Desde el punto de vista litúrgico de los varios aspectos que tiene la celebración de este día, es el de María, Madre de Dios. Es la fiesta más antigua de María en occidente. Como dogma fue definido en el Concilio de Éfeso en el 431. No es precisamente un dogma mariológico, sino cristológico. Pablo VI la recuperó la fiesta y la colocó en este día de la octava de Navidad y primero del año.
En la segunda lectura que hemos proclamado, dirigida a los Gálatas, San Pablo les dice muy claramente, que llegado” la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley”. Indica con toda claridad que Jesús, el hijo de María, nació como todo ser humano que llega a este mundo. El medio para ello es a través de una mujer. Es así verdadero hombre que se identifica con el pueblo de la Promesa al nacer “bajo la Ley”.
El plan salvífico de Dios se hace realidad mediante un hombre, judío, que entra de lleno en la historia humana. Llega para rescatar a todos los que viven de una u otra forma sin libertad. Lo primero que hace es rescatar, redimir, dar la libertad. De este modo nos concede a todo ser humano una nueva dimensión: “la adopción filial”. El hombre ya tiene un nuevo modo de relacionarse con Dios. La fe cristiana no se dirige a Dios como el ser todopoderoso y temible, lo vivimos como “Padre”. Esto se nos concede por el don del Espíritu que se nos ha dado, que es el que ora y confiesa por medio de nuestros labios. Podemos afirmar que si somos hijos, somos también herederos. La gran dignidad del hombre es ser “hijo de Dios”. María es Madre de Dios y Madre nuestra. Y es el mismo Pablo VI quien declaró a María “Madre de la Iglesia”. Madre de la Cabeza, Jesucristo, y Madre de los miembros, todos los bautizados.
San Pablo no cita a María, pero en el evangelio de Lucas hemos leído que los pastores “fueron corriendo” a Belén, y encontraron “a María y a José, y al niño acostado en el pesebre”. En los planes de Dios los primeros en descubrir su obra salvadora es la gente sencilla, los que saben entender la acción liberadora de Dios, lo que había esperado con ansiedad el pueblo de la Promesa. Los pastores se acercan a Jesús alabando y dando gloria a Dios.
En el relato de Lucas que hemos proclamado hoy en esta celebración, no sólo habla de los pastores. El evangelista deja caer una frase muy expresiva: “María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”, y él es el que mejor nos presenta a María, la Madre de Jesús, en su papel de colabora de Dios en la obra de la salvación. Ha dejado llenarse de la Palabra, el Hijo de Dios, hecha carne y ha escuchado con ternura lo que dicen los pastores.
María la Madre de Dios y nuestra, con la mirada puesta en Dios y en los seres humanos, irá tejiendo junto a José, un estilo de vida, que su hijo, Jesús, irá captando y asimilando en su crecimiento ante Dios y los hombres. Así, todos los seguidores de Jesús, formamos la gran familia humana que trabaja por la construcción del Reino en este mundo. Un Reino de Paz. Nuestro lenguaje tendría que ser siempre un lenguaje de paz. Este es el deseo de la lectura de los Números que hemos proclamado en primer lugar:
“El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.
¿Podemos hablar de paz en una casa donde domina la desconfianza, la falta de diálogo, donde hay peleas? ¿Podemos decir que hay paz en una tierra en la que domina la especulación, la ambición la injusticia, el despilfarro…? Si somos hijos de un mismo Padre, ¿tiene sentido que nos sentemos en la mesa Eucarística, invitados por Jesús, y seguir diciendo que somos hermanos, si no somos constructores de paz, base para que se dé la verdadera unidad fraterna?
Que el Señor nos bendiga, nos proteja, ilumine su rostro sobre nosotros a lo largo de este año que hoy iniciamos.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Al Padre que ha escogido a María, llena de gracia, como Madre de su Hijo amado, dirijamos nuestras oraciones diciendo:
«MARÍA, LLENA DE GRACIA, INTERCEDE POR NOSOTROS».
- Por la santa Iglesia de Dios: que, como María, sepa guardar en su corazón la Palabra de Dios; que abrace en la fe y cuide con ternura a todo hombre, ayudándole a conocer cada vez más a Jesús. Oremos
- Por el Papa Francisco, para que María, Madre de Dios, interceda por él, que le auxilie en el ejercicio de su ministerio y lo sostenga en su servicio de dar testimonio de la fidelidad de Dios en medio de los hombres. Oremos.
- Por la paz en el mundo: que la Jornada Mundial de la Paz que hoy celebramos sea una llamada firme para todos los que dirigen los destinos de las naciones, para que siempre busquen la justicia, la reconciliación y la concordia. Oremos
- Por todas las mujeres que sufren por no poder tener hijos, para que María les dé consuelo y un corazón abierto a la acogida, les ayude a ser madres en el espíritu para aquellos que no son amados o que viven en el sufrimiento. Oremos.
- Por todos nosotros aquí reunidos, para que, como los pastores de Belén, podamos reconocer la presencia del Señor entre los hermanos más pequeños y llevar la alegría del nacimiento de Jesús a los que están cerca y a los alejados. Oremos.
EXHORTACIÓN FINAL
¿Cómo podremos, Señor Jesús, bendecirte como tú te mereces,
por Santa María la Virgen madre bendita y madre nuestra,
y proclamarla también dichosa a ella por generaciones sin fin,
sino con el piropo evangélico de aquella mujer del pueblo:
¿Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te criaron?
En verdad, su gloria ennoblece a todo el género humano.
Tú que nos diste a María como modelo de mujer creyente,
como ejemplo de discípula tuya, como madre de la Iglesia
y como imagen esplendorosa de la misma en su plenitud final,
concédenos caminar como ella en la fe y en tu seguimiento,
respondiendo fielmente al sí de las promesas cumplidas.
Amén.
