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La Iglesia y el plebiscito

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En un país  polarizado,  cada grupo compite por contar con el mayor respaldo, eso lo hace más fuerte y superior a su adversario.

Es muy notorio que en Colombia los grupos políticos busquen el apoyo de las instituciones  religiosas, quienes ceden cada vez más a las propuestas  de sus pretendientes. De ahí que movimientos religiosos libres se proclamen abiertamente seguidores de un partido o líder político.

Los resultados del plebiscito, donde los  medios de comunicación resaltan la imagen entre  vencedores y vencidos, enerva los ánimos de los ciudadanos quienes, al no aceptar los resultados, se desahogan buscando culpables para agredir con palabras ofensivas  e información  engañosa  a través de las redes sociales. 

Los del No, acusan a la Iglesia que  estaba a favor del Sí. Los del Sí señalan que la Iglesia por temas que solapadamente estaban en los acuerdos  y atentaban contra la familia,  hizo campaña a favor del No. 

La Iglesia Católica por su tradición y experiencia en la vida política del país, ha aprendido que matricularse con un partido es profundizar  más la división de las comunidades  y perder el papel de madre y maestra que le permite  “velar con maternal solicitud por la vida de los individuos  y de los pueblos”. (Mater et Magistra N° 1) 

Como maestra,  la Iglesia debe  apoyarse en el  Evangelio  de donde puede sacar  las enseñanzas  para  “resolver  por completo el conflicto, o, limando sus asperezas, hacerlo más soportable; ella es la que trata no sólo de instruir la inteligencia, sino también de encauzar la vida y las costumbres de cada uno con sus preceptos”. (R N, n. 16)

La Iglesia existe para evangelizar, es decir, anunciar a Jesucristo, ser dispensadora de la gracia de la reconciliación para todos y ser “misericordiosa como el Padre”, (Lc 6,36). Ella no asume identidad partidista, es respetuosa de la conciencia y libertad de las personas, en consecuencia, quienes buscan el aval de la Iglesia católica para propuestas políticas, se olvidan o desconocen que la Iglesia como madre y maestra debe estar al servicio de todos porque “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón… La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia”, (GS 1).

Ahora que en el país la incertidumbre  y  la desconfianza  arrecian  y  un manto de soberbio delirio de omnipotencia se posa en los hombros de algunos líderes políticos; la Iglesia Católica como madre, ha de acoger  y escuchar  a sus hijos para enseñarles que más allá de nuestras diversas y distintas maneras de pensar, somos hermanos y nos une un mismo Dios, una misma patria y el mismo deseo: vivir reconciliados y en paz. 



 

 

 

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