MONICIÓN DE ENTRADA
Bienvenidos queridos hermanos a esta gran fiesta que nos une en una sola familia, como uno son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
El domingo pasado celebrábamos la venida del Espíritu Santo, el nacimiento de nuestra santa madre la Iglesia, y terminábamos el tiempo pascual. Hoy retomamos el tiempo ordinario, dando gracias a la Santísima Trinidad por su acción redentora en medio de nosotros, su pueblo santo. Estamos hoy en esa gran solemnidad de la Santísima Trinidad, como una sola familia, como una comunidad unida por el Espíritu Santo, a imagen del Dios Uno y Trino.
Damos la gloría al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y de pie cantamos jubilosos para comenzar esta santa celebración.
MONICIÓN PRIMERA LECTURA (Éxodo: 34, 4b-6. 8-9)
En el relato del Éxodo se muestra un encuentro de Moisés con Yahvé, en el monte Sinaí. Ahí Dios nos revela su compasión y misericordia, que se manifestará para nosotros en su Hijo, Jesucristo.
Lectura del libro del Éxodo (34,4b-6.8-9):
En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.
El Señor pasó ante él, proclamando: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.»
Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: «Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso.
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria.
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino.
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos.
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo.
A ti gloria y alabanza por los siglos.
MONICIÓN SEGUNDA LECTURA (2 Corintios 13, 11-13)
Pablo anda siempre preocupado por que reine la paz y la unidad entre los cristianos, esta vez de Corinto. En esta consigna que les da al final de su carta, entra de lleno una visión "trinitaria" de la vida cristiana. Esta referencia al Dios Trino debe unirnos a los cristianos.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso ritual. Os saludan todos los santos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.
Palabra de Dios.
MONICIÓN AL EVANGELIO (Juan 3, 16-18)
En el Evangelio de San Juan, la liturgia nos presenta hoy un diálogo cristológico con Nicodemo, en el que Jesús se presenta como el Hijo y Enviado de Dios para salvar al mundo, de modo que se salven todos por él.
Nos preparamos a la escucha de la Buena Nueva de salvación, cantando el aleluya.
Lectura del santo evangelio según san Juan
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Palabra del Señor.
HOMILÍA
Un solo Dios en tres Personas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
La Iglesia dedica el siguiente domingo después de Pentecostés a la celebración del día de la Santísima Trinidad.
Un misterio es todo aquello que no podemos entender con la razón. Es algo que sólo podemos comprender cuando Dios nos lo revela.
El misterio de la Santísima Trinidad -Un sólo Dios en tres Personas distintas-, es el misterio central de la fe y de la vida cristiana, pues es el misterio de Dios en Sí mismo.
Aunque es un dogma difícil de entender, fue el primero que entendieron los Apóstoles. Después de la Resurrección, comprendieron que Jesús era el Salvador enviado por el Padre. Y, cuando experimentaron la acción del Espíritu Santo dentro de sus corazones en Pentecostés, comprendieron que el único Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Los católicos creemos que la Trinidad es Una. No creemos en tres dioses, sino en un sólo Dios en tres Personas distintas. No es que Dios esté dividido en tres, pues una de las tres Personas es enteramente Dios.
Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen la misma naturaleza, la misma divinidad, la misma eternidad, el mismo poder, la misma perfección; son un sólo Dios. Además, sabemos que cada una de las Personas de la Santísima Trinidad está totalmente contenida en las otras dos, pues hay una comunión perfecta entre ellas.
Con todo, las personas de la Santísima Trinidad son distintas entre sí, dada la diversidad de su misión: Dios Hijo-por quien son todas las cosas- es enviado por Dios Padre, es nuestro Salvador. Dios Espíritu Santo-en quien son todas las cosas- es el enviado por el Padre y por el Hijo, es nuestro Santificador.
Lo vemos claramente en la Creación, en la Encarnación y en Pentecostés.
En la Creación, Dios Padre está como principio de todo lo que existe.
En la Encarnación, Dios se encarna, por amor a nosotros, en Jesús, para liberarnos del pecado y llevarnos a la vida eterna.
En Pentecostés, el Padre y el Hijo se hacen presentes en la vida del hombre en la Persona del Espíritu santo, cuya misión es santificarnos, iluminándonos y ayudándonos con sus dones a alcanzar la vida eterna.
Para explicar este gran misterio, existen ciertos símbolos que son entendibles a nuestra razón: La Santísima Trinidad es simbolizada como un triángulo.
Cada uno de los vértices es parte del mismo triángulo y sin embargo cada uno es distinto.
También podemos simbolizar a la Santísima Trinidad como una vela encendida: La vela en sí misma simboliza al Padre, la cera que escurre es el Hijo, que procede del Padre y la llama encendida es el Espíritu Santo. Los tres son “vela”, pero son distintos entre sí. Hay quienes simbolizan a la Santísima Trinidad en forma de trébol. Cada una de las hojas es "trébol" pero son distintas entre sí.
¿Qué hacemos al persignarnos? "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" Es costumbre de los católicos repetir frecuentemente estas palabras, principalmente al principio y al fin de nuestras acciones.
Cada vez que hacemos la Señal de la Cruz sobre nuestro cuerpo, recordamos el misterio de la Santísima Trinidad.
- En el nombre del Padre: Ponemos la mano sobre la frente, señalando el cerebro que controla todo nuestro cuerpo, recordando en forma simbólica que Dios es la fuente de nuestra vida.
-...y del Hijo: Colocamos la mano en el pecho, donde está el corazón, que simboliza al amor. Recordamos con ello que por amor a los hombres, Jesucristo se encarnó, murió y resucitó para librarnos del pecado y llevarnos a la vida eterna.
-...Y del Espíritu Santo: Colocamos la mano en el hombre izquierdo y luego en el derecho, recordando que el Espíritu Santo nos ayuda a cargar con el peso de nuestra vida, el que nos ilumina y nos da la gracia para vivir de acuerdo a los mandatos de Jesucristo.
Algunas personas argumentan que no es verdad porque no podemos entender el misterio de la Santísima Trinidad a través de la razón. Esto es cierto, no podemos entenderlo con la sola razón, necesitamos de la fe ya que se trata de un misterio. Es un misterio hermoso en el que Dios nos envía a su Hijo para salvarnos.
ORACIÓN DE LOS FIELES
A cada invocación, respondan, por favor. "Danos Vida, Señor, con tu Espíritu Santo"
Por la unión de las iglesias; para que los cristianos dispersos seamos reunidos en la unidad de la Iglesia de Cristo, roguemos al Señor.
Por los judíos y los mahometanos, creyentes en Dios único y verdadero; para que puedan llegar a descubrirle en Jesús, hijo de Abrahán, roguemos al Señor.
Por los no creyentes; para que reconozcan en el Hombre Jesús al Dios vivo y verdadero, roguemos al Señor.
Por nosotros, aquí reunidos; para que seamos uno y así el mundo crea, roguemos al Señor.
Por nuestra comunidad, para que la Eucaristía que celebramos sea reflejo del Dios Trinitario en el que creemos, que nos congregue y nos una cada día más a cuantos hemos puesto nuestra confianza y esperanza en el Dios de la vida, roguemos al Señor.
EXHORTACIÓN FINAL
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación Alabarte, bendecirte y darte gracias siempre y en todo lugar, Dios eterno, Dios uno y trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo,
Porque tu amor al hombre es tan grande que la segunda persona, Cristo Jesús, fiel reflejo e imagen visible del Dios invisible, se hizo uno de nosotros y nos ofreció la salvación por la fe. Desde entonces la gracia de Jesucristo, el amor del Padre
Y la comunión del Espíritu Santo son oferta perenne del Dios uno, Que nos introduce en su círculo trinitario como hijos suyos. Concédenos, Señor, mantener siempre tu gracia y tu amistad, para saber vivir en comunión con todos nuestros hermanos.
Amén.
