MONICIÓN DE ENTRADA
Terminado el discurso sobre la misión y antes de comenzar la predicación en parábolas y que nosotros seguiremos en los próximos domingos, san Mateo nos presenta a Jesús en plena actividad en Galilea: predicando y curando. Y, en medio de esa actividad, la oración de Jesús que en este decimocuarto domingo escucharemos. Sin duda alguna, la oración es una dimensión importante en la vida cristiana. Lo fue para Jesús y lo tiene que ser para nosotros sus seguidores. El tiempo de verano es oportuno para buscar momentos de oración y meditación.
MONICIÓN PRIMERA LECTURA: Zacarías 9, 9-10
"Tu rey viene pobre a ti"
A continuación escucharemos un trozo del libro del profeta Zacarías. La situación histórica de este texto nos resulta desconocida. Probablemente fue escrito a finales del siglo cuarto o comienzo del tercero antes de Cristo. El profeta invita al pueblo a la alegría. Se le anuncia una noticia alegre y esperanzadora: la llegada de un rey justo y victorioso. El nuevo rey humilde y pacífico es garantía de un futuro de paz y de justicia.
Lectura de la profecía de Zacarías
Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica.
Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.»
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
MONICIÓN SEGUNDA LECTURA: ROMANOS 8, 9-11
"En deuda con el espíritu, no con la carne"
Durante cinco domingos estaremos escuchando fragmentos del capítulo 8 de la carta de san Pablo a los romanos, dedicado a la vida del cristiano en el Espíritu. Para el apóstol hay dos maneras de existir: "en la carne", dominados por los instintos y pasiones egoístas, o "en el Espíritu", vivificados y guiados por Dios. Este espíritu ha resucitado a Cristo; hemos sido bautizados, por tanto, unidos a Cristo y su espíritu habita en nosotros; somos así hombres nuevos.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos:
Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Palabra de Dios.
MONICIÓN AL EVANGELIO: SAN MATEO 11, 25-30
"Dios se revela a los sencillos"
La perícopa evangélica de este domingo la hemos estructurado en tres partes: 1) acción de gracias al Padre por la revelación recibida; 2) contenido de dicha revelación y 3) invitación y llamada. Presten mucha atención a este impactante mensaje, pero antes entonemos el aleluya.
Lectura del santo evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»
Palabra del Señor.
HOMILÍA 1
Un día, un joven lleno de vigor y entusiasmo presumía en la plaza del pueblo de tener el corazón más sano y hermoso de todos.
La gente se arremolinó y confirmaron que su corazón era perfecto, no tenía ni manchas ni rasguños y latía con la precisión de un reloj.
De pronto, un anciano se presentó también en la plaza gritando que su corazón era más hermoso que el del joven.
La gente lo examinó y vio que tenía muchas cicatrices, que le faltaban trocitos y tenía grandes huecos.
El joven le dijo: "Déjate de bromas. Mi corazón es más perfecto. El suyo, anciano, es un montón de cicatrices, heridas y dolores."
Es cierto, dijo el anciano, pero mira cada cicatriz es una persona amada. Arranqué trocitos de mi corazón para dárselos a las personas amadas. Otras veces, entregué un trozo de mi corazón a personas que no me ofrecían nada. Esos son los huecos que ves. Dar amor es arriesgar y esas heridas me recuerdan que sigo amando.
¿Comprendes ahora por qué mi corazón es más hermoso?
El joven permaneció en silencio, arrancó un trocito de su corazón y se lo ofreció al anciano. Éste lo recibió y lo colocó en su corazón y le dio un trozo del suyo al joven.
El joven miró a su corazón que ya no era perfecto, pero lucia más hermoso que antes porque el amor del anciano fluía en su corazón.
Jesús nos dice hoy que el es "manso y humilde de corazón". Y nos invita a examinar su corazón en el que cabemos todos.
¿Si usted tuviera que ofrecer una casa al evangelio de Jesús dónde lo alojaría? ¿En su cabeza o en su corazón?
El corazón, no la cabeza, es la única casa donde el evangelio de Jesús puede albergarse.
Los sabios e inteligentes tienen cabeza, los humildes y sencillos tienen un gran corazón.
"Te doy gracias, Padre"...
Jesús ofrece descanso a nuestros corazones siempre inquietos, siempre buscando, siempre deseando nuevas aventuras
El cuerpo después de un día de trabajo, después de un largo paseo lo único que necesita es una silla. Para el corazón no hay silla, pero el Señor es la silla para un corazón que necesita descanso, fuerza y sabiduría.
"Vengan a mí los cansados", invitación de Jesús para todos los días, pero invitación urgente y necesaria para los domingos.
El domingo es el día en que los cristianos hacemos santo el tiempo, disfrutamos de la creación de Dios y adoramos a Dios Padre y Creador.
Así como durante las vacaciones los niños olvidan libros y maestros y los mayores descansan debajo de la mata... el domingo olvidamos las luchas del trabajo y nos centramos en el Señor que nos habla al corazón.
El domingo escuchamos la invitación a ir al Señor y a seguirle. Y recibimos el encargo de anunciar a los hermanos que nadie está excluido del amor y de la gracia de Dios.
Y, a veces, le decimos a Dios: Mira la violencia en el mundo, en mi barrio, en la iglesia. Haz algo. Quisiéramos un Dios que baje a cerrar las pompas de agua, a barrer la basura de las calles, a eliminar los vendedores de drogas... Pero parece que Dios no hace nada. Tiene otro trabajo y nos dice simplemente: "toma mi yugo".
El yugo hace el trabajo más fácil, más rápido y más eficiente.
El yugo de Jesús es suave.
¿Cómo puede ser suave, preguntan algunos, con tantas normas a cumplir?
Sí, el yugo del cristiano tiene sus limitaciones, pero Jesús es mi compañero, unido a Él puedo llevar el peso de mi vida, Jesús tira conmigo y nunca estoy solo con mis problemas.
Y si no puedes, confíale tu debilidad, pídele ayuda, ora y celebra la eucaristía unido al yugo de la comunidad.
Maestro, ¿cuál es la tarea más difícil de la vida?
No tener ninguna carga que llevar.
ORACIÓN DE LOS FIELES
A CADA PETICIÓN CONTESTAREMOS:
"QUE SE ALEGREN LOS QUE SE ACOJEN A TI, SEÑOR".
- que la Iglesia no caiga en la tentación de los medios poderosos, y en su debilidad se manifieste el poder de Dios, roguemos al Señor...
- Para que las naciones rehúsen eficazmente el empleo de la fuerza en la solución de los conflictos, roguemos al Señor...
- Para que cuantos se sientan cansados, agobiados, por tanta pesadumbre, encuentren en todo alivio y descanso, roguemos al Señor...
- Para que ninguno de nosotros entremos entre aquellos que cansan y agobian, sino que estemos entre los que aligeran y hacen llevadera la vida de los demás, roguemos al Señor...
- Para que cada uno de nosotros, los aquí reunidos, aprendamos de Cristo la mansedumbre y la humildad de corazón, llevando unos las cargas de los otros, roguemos al Señor...
EXHORTACIÓN FINAL
Hoy nuestra oración, Padre, se une a la de Jesús para decir:
Glorificado seas, Dios nuestro, Señor de cielo y tierra,
Porque mediante la humilde sabiduría de la fe y del amor
revelas a los pequeños lo que se oculta a los poderosos,
e iluminas con la luz de lo alto a los sencillos que te buscan,
mientras ciegas en sus pensamientos a los sabios engreídos.
Gloria también a ti, Señor Jesús, porque hoy nos invitas:
Vengan a mí todos los cansados y agobiados, y encontrarán su descanso,
porque mi yugo es llevadero y mi carga es ligera.
Haz, Señor, que entendamos y vivamos tu ley en la libertad de los hijos de Dios,
respondiendo fielmente a tu amor.
Amén.
