DECIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
MONICIÓN DE ENTRADA
Las lecturas de hoy nos hacen pensar en las estadísticas y las imágenes patéticas de la realidad de la pobreza y del hambre en el mundo, en que a nosotros nos ha tocado vivir.
Vivimos en un mundo donde tres cuartas partes de la población están infra alimentada y una gran parte de la misma es víctima del hambre, las enfermedades y la muerte prematura.
Pidamos que el Redentor nos sacie, por nuestra participación en esta Eucaristía, con el pan de vida y nos haga más solidarios con todos los que padecen hambre en este mundo.
MONICIÓN PRIMERA LECTURA: Isaías 44, 1-3
Dios alimenta gratuitamente a su pueblo
En la primera lectura de hoy el profeta Isaías nos invita a buscar a Dios y a convertirse a Él. Esta invitación está expresada en la invitación a un banquete: agua, vino, leche, buena comida, platos sustanciosos, que nos serán ofrecidos gratuitamente. Lo único necesario para alcanzar esta abundancia de bienes es encaminarse hacia Dios, escuchar su voz y vivir atento a su voluntad.
Lectura del libro de Isaías
Esto dice el Señor:
«Oíd, sedientos todos, acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero: comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche.
¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad vuestro oído, venid a mí: escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros una alianza perpetua, las misericordias firmes hechas a David».
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.
Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.
MONICIÓN SEGUNDA LECTURA: Rom 8, 35.37-9
Nada podrá apartarnos del amor de Dios
Lo que ha hecho Jesucristo por la humanidad es expresión de un amor tan fuerte que nada ni nadie podrá deshacerlo, escucharemos un texto de Pablo a los romanos, donde nos ofrece una lista de siete sufrimientos, muy actuales al hombre de hoy, el apóstol asegura que ninguno de ellos es suficientemente fuerte para separarnos del amor de Cristo, entonces: ¿quién podrá separarnos del amor de Cristo?
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos:
¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.
Palabra de Dios.
MONICIÓN AL EVANGELIO: Mateo 14, 13-21
Multiplicación de los panes y de los peces
La Eucaristía es el pan de los tiempos mesiánicos. Las comidas de Jesús tienen mucha importancia en el Evangelio. Sus narraciones están llenas de contenido teológico. Eran el signo del pan imperecedero, del pan vivo, del pan que da la vida. Las palabras de Jesús en este texto de san Mateo: "tomó los panes, levantó los ojos al cielo, los bendijo y partiéndolos se los dio a sus discípulos; los discípulos se los dieron a la gente...", son prácticamente las palabras de la institución de la Eucaristía, con el mandato incluido de llevar este pan, llevar a Cristo y cuanto Cristo significa al mundo entero.
Lectura del santo evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto.
Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó:
«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron:
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo:
«Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
Palabra del Señor.
HOMILÍA
Hace muchos años, en la ciudad de Luxemburgo, un capitán conversaba con un carnicero, cuando una señora mayor entró en la carnicería. Ella le explicó que necesitaba un poco de carne, pero que no tenía dinero para pagarle.
Mientras tanto, el capitán escuchaba la conversación entre los dos, “o sea que quiere un poco de carne, ¿pero cuánto me va a pagar?”, le dijo el carnicero. La señora le respondió: “no tengo dinero, pero iré , a misa y rezaré por sus intenciones”. El carnicero y el capitán eran buenas personas pero indiferentes a la religión y bromearon sobre la respuesta de la señora.
“Vaya a misa por mí y cuando vuelva le daré tanta carne como pese la misa”, le dijo el carnicero.
La mujer salió y fue a misa. Cuando el carnicero la vio entrar cogió un pedazo de papel y escribió “ella fue a misa por ti”, y lo puso en uno de los platos de balanza y en el otro colocó un pequeño hueso. Nada sucedió y cambió el hueso por un trozo de carne. El papel pesaba más.
Los dos hombres comenzaron a avergonzarse de lo sucedido. Colocaron un gran pedazo de carne en uno de los platos de la balanza, pero el papel siguió pesando más.
El carnicero revisó la balanza, pero todo estaba en perfecto estado. “¿Qué es lo que quiere buena mujer, es necesario que le dé una pierna entera de cerdo? preguntó. Mientras hablaba, colocó una pierna entera de cerdo en la balanza pero el papel seguía pesando más.
Fue tal la impresión que se llevó el carnicero que se convirtió y le prometió a la mujer que todos los días le daría carne sin costo alguno.
El capitán salió de la carnicería completamente transformado y se convirtió en un fiel asistente a la misa diaria. Dos de sus hijos se harían más tarde sacerdotes. El capitán los educó de acuerdo a su propia experiencia de fe.
El P. Sebastián, que fue el que me lo contó, acabó diciéndome: “Yo soy uno de esos dos sacerdotes y el capitán era mi padre”.
El papel con el mensaje “ella fue a misa por ti” sigue pesando más hoy también.
La eucaristía que nosotros estamos celebrando aquí y ahora es la multiplicación del pan de la vida que Jesús hace para nosotros sus hijos hambrientos de felicidad y de vida eterna.
Jesús y sus promesas pesan más que todas nuestras posesiones. Y este trocito de pan consagrado tiene más vitaminas que un solomillo para el que lo come con fe y con el corazón limpio.
Este milagro de la multiplicación de los cinco panes y dos peces hay que verlo con los ojos de la fe y los ojos de la carne.
Visto con los ojos de la fe es un acontecimiento eucarístico. Levantar los ojos al cielo. Bendecir el pan y repartirlo a la gente. Es el gesto de la consagración que realizamos en cada misa. Es hacer esto en memoria mía. Es revivir la última cena del Señor. Es convertir el pan y el vino en la presencia salvadora de Jesús para la comunidad.
Es el peso grande y liberador de la misa.
Es lo que nosotros venimos a hacer aquí no por una persona sino por el mundo entero.
Queremos poner en la balanza nuestro mensaje: “una misa por el mundo, por los que sufren, por los que viven sin esperanza, por los que están en guerra” ...
Cada domingo venimos aquí, a nuestra casa, a levantar los ojos al cielo e implorar de Dios Padre su amor y su perdón, sólo de lo alto nos viene la verdadera salvación; venimos a ser bendecidos y rotos como el pan de Jesús; venimos a ser repartidos por la comunidad para que todos puedan saciarse con el pan de vida.
Visto con los ojos de la carne, este relato de la multiplicación de los panes nos lleva por otros caminos conocidos.
Jesús dijo a sus apóstoles: “Denles ustedes de comer”. Y ellos se quejaron: no tenemos nada, sólo cinco panes y dos peces y hay muchísima gente”.
Jesús bendijo ese poco y se multiplicó.
Milagro de Jesús, sí pero con la colaboración de los hombres. Jesús sigue haciendo milagros todos los días con la colaboración de los hombres.
Jesús nos dice: “tráiganme esos panes y esos peces”.
Tráiganme sus debilidades, yo las transformaré en fortaleza.
Tráiganme sus miedos, yo les daré la valentía.
Tráiganme sus pecados, yo les daré mi perdón.
Tráiganme ese poco, yo lo multiplicaré.
Para Jesús nada es poco. Nuestro poco ofrecido y bendecido por Jesús se convierte en fuente de salvación.
Cinco actitudes cristinas ante la realidad de la vida.
Sean agradecidos.
Compartan sus cosas y su tiempo.
Hablen, denuncien la injusticia.
Conozcan la realidad.
Oren mucho.
La comida se puede comprar. ¿Y la fe y la redención?
El dinero se puede ganar y robar. ¿Y la amistad de Jesús?
ORACIÓN UNIVERSAL
A cada petición contestaremos:
Señor, danos siempre de ese pan.
- Por los que han recibido la misión de anunciar el Evangelio del reino de Dios y de educar en la fe a los creyentes, roguemos al Señor.
- Por todos los que han descubierto lo realmente importante en su vida y por ello han renunciado generosamente a todo lo demás, roguemos al Señor
- Por los que no se sienten capaces de optar por los bienes del reino de Dios, roguemos al Señor.
- Por todos nosotros, llamados a descubrir el tesoro escondido, la perla de gran valor, y preferir sobre todo el reino de Dios, roguemos al Señor.
EXHORTACIÓN FINAL
Te bendecimos, Dios de los pobres y hambrientos del mundo,
porque Jesús se compadeció de la gente extenuada y famélica,
y repartió en abundancia el pan del reino a los pobres.
El invita también a su mesa eucarística a todos tus hijos,
como hermanos que participan del mismo pan familiar.
Nosotros querernos celebrar dignamente la cena del Señor,
con un corazón abierto al amor y la fraternidad universal,
compartiendo la fe, el pan y la vida con nuestros hermanos,
especialmente con los más pobres de bienes y derechos.
Danos, Señor, hambre del pan de vida que eres tú,
y sáciala definitivamente en el banquete de tu reino,
Amén.
