MONICIÓN DE ENTRADA
Nos reunimos porque tenemos fe en el Proyecto de Dios, que ha sido anunciado y realizado por Cristo Jesús, con su palabra y sus acciones. Celebramos la presencia del Espíritu de Dios que sale a encontrarnos en medio de nuestra comunidad, que nos guía y acompaña en el camino del amor y la justicia. Por tal razón, nos sentimos alegres y celebramos la Eucaristía como comunidad de fe.
MONICIÓN PRIMERA LECTURA: 1 Re 19, 9a.11-13a
Elías se encuentra con Dios en el monte Horeb
¿Dónde encontrar a Dios? La escena de Elías en el Horeb, nos viene a recordar que la presencia de Dios en la historia es habitualmente discreta, suave, casi imperceptible. Dios no es una fuerza impetuosa que se imponga al ser humano, es un susurro, una voz que es necesario distinguir y acoger en silencio.
Lectura del primer libro de los Reyes
En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se introdujo en la cueva y pasó la noche. Le llegó la palabra del Señor, que le dijo:
«Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor».
Entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante del Señor; aunque en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor.
Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de los que le temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
MONICIÓN SEGUNDA LECTURA: Rom 9,1-5
Quisiera ser proscrito por el bien de mis hermanos
San Pablo era un buen judío, que amaba mucho a su pueblo. En la lectura que escucharemos a continuación, de la carta a los romanos, Pablo nos muestra su tristeza, pena y dolor, porque el pueblo ha tomado un camino equivocado. El apóstol manifiesta su deseo de que algún día puedan llegar a descubrir el Evangelio.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos:
Digo la verdad en Cristo; no miento -mi conciencia me atestigua que es así, en el Espíritu Santo-: siento una gran tristeza y un dolor incesante, en mi corazón; pues desearía ser yo mismo un proscrito, alejado de Cristo, por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne: ellos son israelitas y a ellos pertenecen el don de la filiación adoptiva, la gloria, las alianzas, el don de la ley, el culto y las promesas; suyos son los patriarcas y de ellos procede el Cristo, según la carne; el cual está por encima de todo, Dios bendito por los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
MONICIÓN AL EVANGELIO: Mateo 14, 22-23
Mándame ir hacia ti caminando sobre el agua
La Buena Noticia de hoy es continuación del domingo pasado, según Mateo, los discípulos parece que se quedan solos, conduciendo una barca, sacudida por las olas contrarias. Pero no es así. Aquí se cumple la promesa de Jesús: "Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20). Jesús camina sobre el agua, está con los suyos dándoles ánimo, sigue a su lado, para que puedan comprender con qué seguridad pueden fiarse de la valentía que les comunica.
Lectura del santo evangelio según san Mateo
Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»
Palabra del Señor.
HOMILÍA
Érase una vez un enfermo mental que insistía en que era Jesucristo.
Ningún médico pudo convencerle de que se trataba de una ilusión, de que él era simplemente Félix Jiménez de Noviercas.
Un día el médico le dijo que extendiera los brazos y lo midió y también lo midió de la cabeza a los pies.
El medico salió y regresó con un martillo y unos clavos. El enfermo empezó a sentir gran curiosidad y nerviosismo.
¿Qué está haciendo?, le preguntó el enfermo.
¿Usted es Jesucristo, no es cierto? Sí, lo soy.
Entonces, mientras el médico hacía una cruz, entonces usted debería saber lo que estoy haciendo.
Espere, espere, por favor, gritó el paciente, yo no soy Jesucristo. Yo soy Félix Jiménez de Noviercas. ¿Qué le pasa, doctor, está usted loco?
¿Hay aquí algún Félix Jiménez que cree ser Jesucristo?, que extienda las manos y lo mediremos.
¿Hay aquí alguien como Pedro que quiera caminar sobre las aguas del Duero?
Todos, todos, estamos llamados a caminar al encuentro de Jesús. Todos, por lo tanto, llamados a caminar sobre las aguas.
Las aguas son el símbolo de las furias, la tormenta, las fuerzas del mal, la sed de venganza, la sed de la pasión que con sus rugidos apagan la voz de Jesús que nos dice: Ven.
La llamada de Jesús es constante pero la tormenta en nuestra vida también es constante y por eso no oímos, no creemos, no caminamos con fe hacia Jesús que nos llama y vivimos como náufragos. Estamos llamados a caminar hacia Jesús no a ser Jesucristo. Sí a dar la vida por Jesucristo y los hermanos.
Para caminar hacia Jesús hay que saber dónde encontrarle. Hay que aprender a escucharle.
El profeta Elías, defensor de Dios, se pasó toda la noche escuchando y comprobó que Dios no estaba en el viento, no estaba en el terremoto, no estaba en el fuego, y lo sintió presente y vivo en un levísimo susurro.
Una vida y una hora en la iglesia para escuchar a Dios y sentirlo presente y vivo en su vida y en la asamblea litúrgica; para sentirlo vivo y presente en las pequeñas cosas, en los acontecimientos cotidianos, en el silencio y en lo inesperado.
A Dios no se le puede programar. Dios es sorpresa constante.
Dios no está en la limusina blanca.
Dios no está en las palabras sabias.
Dios está en el suspiro vacilante de todo corazón que escucha, que busca al Dios escondido y se deja sorprender.
Nos dice el evangelio que los discípulos iban solos en la barca.
Jesús oraba en la montaña. Y la barca atravesaba por en medio de una gran tormenta.
Solos en la barca.
Solos en la tormenta.
Solos en la impotencia.
Solos en la comunidad.
¿Sabrán escuchar su voz y distinguir su presencia? No es un fantasma el que camina sobre las aguas. Es el Señor.
La fe les abrió los ojos.
La Iglesia vive también este tiempo, separada de su Señor Resucitado que nos espera en la otra orilla y nos manda remar, trabajar, avivar la fe, enfrentar las tormentas, confesar a Jesús ausente-presente, y confiar en el poder de Jesucristo que viene a rescatarnos.
Pedro dejó la barca para descubrir su propia debilidad y aprender a fiarse del poder de Dios.
1.- Confianza, la base de nuestra relación con Dios.
2.- Seguridad, ponerla en las manos de Dios.
3.- Llamada, escucharla cada día.
4.- Oración, "aumenta mi fe".
ORACIÓN UNIVERSAL
A cada petición contestaremos:
Señor, ven caminar a nuestro lado
- Por la Iglesia, que en los días del Concilio volvió a las fuentes, como Elías al Sinaí; para que prosiga con ánimo el camino emprendido. Roguemos al Señor…
- Por el pueblo judío -por él nos vino Cristo Jesús.; para que llegue a reconocer en Jesús de Nazaret al Hijo de Dios Salvador. Roguemos al Señor...
- Por los que tienen miedo, los que vacilan su fe; por nosotros mismos; para que recobremos la confianza en Jesús, Señor de la Iglesia, que camina sobre oleaje. Roguemos al Señor...
- Por nosotros y nuestra comunidad; para que celebremos con gran fervor la Eucaristía. Roguemos al Señor...
EXHORTACIÓN FINAL
Señor Dios, Padre nuestro que nos aceptas como somos,
confesamos ante ti que múltiples temores y angustias nos invaden.
Al sentir en la noche la fuerza del viento y el empuje del mar:
miedo y desconfianza de nosotros mismos, miedo de la gente,
miedo de la vida, miedo de la muerte, miedo de nuestro destino,
miedo a decidirnos, miedo a equivocarnos, miedo a todo.
Entonces oímos la voz cálida de Cristo que nos alienta:
ánimo, yo estoy con ustedes, no tengan miedo, no duden.
Gracias, Señor. Danos tu mano para seguir la aventura de la fe,
avanzando más allá de nuestras mezquinas seguridades,
sin más punto de apoyo que una absoluta confianza en ti.
Amén.
