MONICIÓN DE ENTRADA
La liturgia de este Vigésimo Tercer Domingo contempla la recuperación comunitaria del pecador mediante la corrección fraterna. El pecado es una realidad en la comunidad cristiana; pues no es la Iglesia una asamblea de ángeles, seres impecables, sino de hombres y mujeres que, en medio de limitaciones y flaquezas humanas, caminan unidos como hermanos hacia Dios.
Ahora nos disponemos a celebrar la Eucaristía. La presencia de Jesús se nos hará aún más fuerte, primero en la palabra que escucharemos y, segundo, en el Pan y el Vino (convertidos en su cuerpo y su sangre) que recibiremos como alimento de vida eterna.
MONICIÓN PRIMERA LECTURA: Ezequiel 33, 7-9
Si no hablas al malvado te pediré cuenta de su sangre
Es imprescindible la corrección fraterna como medio de conversión, realidad que nos anticipa el profeta Ezequiel, en esta primera lectura: “Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre”. Cada cual es responsable de sus actos, pero quien ha recibido de Dios la misión profética tiene la posibilidad y la responsabilidad de advertir a quien comete el mal.
Lectura del libro de Ezequiel
Esto dice el Señor:
«A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.
Si yo digo al malvado: “Malvado, eres reo de muerte”, pero tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.
Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida».
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan su corazón»
Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan su corazón»
Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan su corazón»
Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: «No endurezcan su corazón»
MONICIÓN SEGUNDA LECTURA: Romanos 13, 8-10
La Plenitud de la ley es el amor
Hoy seguimos escuchando, como en los domingos anteriores, las exhortaciones de san Pablo a los romanos. Escucharemos un corto pasaje donde el apóstol afirma que el amor es la síntesis de la Ley entera.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos:
A nadie le deban nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás», y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.
Palabra de Dios.
MONICIÓN AL EVANGELIO: Mateo 18, 15-20
Si te hace caso ha salvado a tu amigo
San Mateo, en el evangelio de hoy, nos presenta nuevamente a Jesús; y a Pedro que trata de disuadir a Cristo de la misión del Padre. Jesús, le reprocha su actitud, como una egoísta y humana. Y nos lanza un reto, que lo sigamos, renunciando a nuestras comodidades y placeres para servir al prójimo.
Lectura del santo evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.
Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»
Palabra del Señor.
HOMILÍA
LA SECULARIZACIÓN DEL PECADO
Una señora tenía una muchacha de casa muy trabajadora, pero comprobó que cada vez que muchacha visitaba a su madre echaba en falta algo.
La espió y encontró un cesto con azúcar, café, telas y otras baratijas escondido debajo de la cama. Cesto que llevaba a su madre.
La señora no se sublevó ni reaccionó con violencia o insultos. Sintió compasión y con cordialidad le dijo: “Estoy segura de que su madre vive en escasez y aquí tenemos de todo. En este cesto hay azúcar, café y unas telas, déselas a su madre y dígale que le envío mis mejores saludos y deseos”.
La muchacha se puso colorada y balbuceó un tímido gracias.
Nunca más la señora echó nada en falta.
La corrección surtió su efecto y las dos convivieron en paz y sin sospechas durante largos años.
“Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos”.
La palabra pecado, ayer tan presente en nuestras vidas, hoy, ha perdido contenido y se ha secularizado. Ya no hay que dar cuentas a nadie, ni a Dios ni a los demás y mucho menos al cura.
Los grandes pecados de la Iglesia primitiva: la apostasía, el adulterio y el homicidio necesitaban confesión y penitencia pública: hoy, son aireados por los medios de comunicación y ya no nos escandalizan.
Ya no hay intimidad, todo ha salido del armario para regocijo de las masas ávidas de escándalos.
¿Creen ustedes que aún hay pecados?
¿Pueden decirme uno?
¿Cuándo fue la última vez que a solas reprendió a un hermano como pide el evangelio?
La corrección fraterna, según el espíritu del evangelio proclamado, ha desaparecido. Todos rechazamos la corrección.
Cuando alguien nos hiere o insulta, además de sentirnos mal lo contamos a los demás: “Mira lo que me ha hecho este tipo”.
El pecado existe y es un gran mal. A nosotros nos toca eliminar sus efectos y sanar al pecador. Tarea difícil en este tiempo de un individualismo feroz, pero hay que intentarlo y de una manera especial entre nosotros, los seguidores de Jesús, la Iglesia de Jesús.
“Si hace caso, has salvado a tu hermano”.
“Existimos desde un diálogo”.
Un diálogo con Dios al que confesamos nuestros pecados y el que siempre nos perdona.
Cuando este diálogo se rompe y vivimos por nuestra cuenta, el pecado que acecha a nuestras puertas nos secuestra y nos convertimos en sus rehenes. Sólo Dios nos puede liberar.
Un diálogo con los hermanos de la comunidad cristiana, familia de los engendrados por el Espíritu de Jesús.
La Iglesia en comunidad de pecadores, una familia de gente imperfecta que tiene por misión ayudarnos mutuamente a madurar en el amor.
La Iglesia dice un escritor es como el arca de Noé. Si no fuera por la tormenta que ruge afuera nadie podría aguantar el olor que hay por dentro.
Este diálogo con los hermanos es también confesión de los pecados, “confesaos mutuamente vuestros pecados”, es animación a vivir unidos a Cristo, nuestra Cabeza, es comunión con los hermanos y es oración. “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Diálogo con nosotros mismos. Buceo en el interior más interior de nuestro ser para que el “ante ti, ante ti, sólo pequé” del salmista resuene claro y arrepentido y me abra al triple diálogo humano.
En la Iglesia de Jesús todos somos ilegales, todos somos acogidos, todos somos queridos, los de cerca, los de lejos, todos somos corregidos y perdonados por la gran misericordia de Dios.
Hermanos e Iglesia, dos palabras esenciales de la vida cristiana, dos realidades a descubrir y a vivir según el evangelio de Jesús este domingo.
ORACIÓN UNIVERSAL
A cada petición contestaremos:
"Señor, transforma me vida con tu presencia"
- Para que la Iglesia cumpla sin temor la misión, recibida de Cristo, de denunciar el mal, que obstaculiza el desarrollo del reino de Dios en el mundo. Roguemos al Señor...
- Para que cuantos ejercen cargos de responsabilidad a todos los niveles en la Iglesia, en la sociedad civil, en la familia, sepan aceptar la crítica constructiva, reconociendo los propios defectos. Roguemos al Señor...
- Para que los que critican los defectos de nuestra sociedad sean objetivos en sus apreciaciones, respetuosos y comprensivos con las personas. Roguemos al Señor...
- Para que surjan las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosas que necesitan la Iglesia y el mundo de hoy. Roguemos al Señor...
- Para que aprendamos a amarnos, corrigiéndonos fraternalmente, y así cumplamos la ley nueva de Cristo. Roguemos al Señor...
EXHORTACION FINAL
Bendito seas, Dios Padre misericordioso y comprensivo,
porque donde dos o tres nos reunimos en nombre de Jesús
allí está él en medio de nosotros acompañándonos con tu Espíritu.
Una vez más, nos reconocemos pecadores ante ti, cada uno
personalmente y todos juntos como comunidad de fe y conversión.
Con la fuerza de tu gracia y de tu amor queremos enmendarnos
y mejorar, caminando juntos como hermanos hacia ti.
Haz, Señor, que nos ayudemos mutuamente en este empeño
mediante la corrección fraterna que brota del amor que nos une.
Danos comprensión, paciencia, tolerancia y talante dialogal
ante los inevitables fallos humanos, propios y ajenos.
Amén.
