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Lecturas del Domingo 24º del Tiempo Ordinario - Ciclo ADomingo, 13 de septiembre de 2020

MONICIÓN DE ENTRADA

Nos congregamos en el nombre de Dios compasivo y misericordioso, que nos concede misericordiosamente su perdón. Como para decirnos que, aunque sea difícil, la cosa es posible y aun necesaria. Somos la iglesia de los "perdonados", llamados a convertirnos en "perdonadores", perdonando de sinceramente "de corazón", como veremos en el Evangelio de hoy.

Dispongámonos a celebrar con alegría la Eucaristía memorial del sacrificio redentor de Cristo, quien nos ha enseñado la compasión y la misericordia, y nos ha mostrado el amor sin límites de nuestro Padre celestial.

 

MONICIÓN PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 27, 33-28, 9

Perdona la ofensa a tu prójimo y serás perdonado

El libro del Eclesiástico probablemente fue escrito a principios del siglo II a.C. El texto es un conjunto amplio de reflexiones inspiradas en la sabiduría bíblica tradicional y especialmente destinadas a la formación de los jóvenes. Uno de los muchos temas tratados es el del perdón. Según el autor, la medida que cada cual use con los demás es la misma que dios usará con él.

Lectura del libro del Eclesiástico 

Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee.

Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas.

Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor?

No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?

Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados?

Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos.

Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. 

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia

 

MONICIÓN SEGUNDA LECTURA: Romanos 14, 7-9

En la vida y en la muerte somos del Señor

Escucharemos un breve fragmento, el último de este año, de la carta de Pablo a los cristianos de Roma. Para el Apóstol lo que realmente cuenta es la comunión con Dios, saber que le pertenecemos, y que todo cuanto hacemos tiene y ha de tener relación con él, porque: "ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor".

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.

Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor.

Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

Palabra de Dios.

 

MONICIÓN AL EVANGELIO: Mateo 18, 21-35

Perdón hasta setenta veces siete

La parábola evangélica de este domingo, ilustra la doctrina de Jesús sobre el perdón fraterno de las ofensas, que debe ser una de las actitudes fundamentales del seguidor de Cristo. La línea narrativa es fácil de entender, pero su enseñanza es bastante difícil de practicar, sobre todo cuando la fe y el amor son débiles y, en cambio, el espíritu de venganza, el odio rencoroso y la agresividad Innata en nosotros son fuertes.

Lectura del santo evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús:

«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta:

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:

"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo."

El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.

Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo:

"Págame lo que me debes."

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:

"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré."

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo:

"¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?"

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Palabra del Señor.

 

HOMILÍA

DIOS NO SABE MATEMÁTICAS

Jesús me manda hacer cosas imposibles: amar a mis enemigos, bendecir y orar por los que me insultan, servir gratis, sin esperar ni siquiera las gracias y me manda, lo que no quiero ni puedo hacer, PERDONAR a los que me critican.

Corrie Ten Boom cuenta en su autobiografía que terminada la guerra y liberada de un campo de concentración Nazi predicó un sermón en la iglesia sobre el PERDÓN.

Al terminar el sermón, un hombre, con una mano extendida y una gran sonrisa, se dirigió hacia ella.

Corrie lo reconoció; era el jefe de los vigilantes del campo donde ella y su hermana habían estado encarceladas por haber escondido en su casa a unos judíos y donde su hermana había muerto.

El guarda le dijo: "Oh, Fraulein, le estoy muy agradecido por su mensaje poderoso. Qué alegría pensar que Jesús ha lavado todos mis pecados.

Corrie, paralizada, no podía levantar la mano.

"Los pensamientos de venganza hervían dentro de mi, vi el pecado...y no podía hacer nada. No sentí la menor chispa de amor o caridad, así que susurré una oración en silencio. Jesús, no puedo perdonarle, por favor dame tu perdón".

La oración ofrecida, pudo levantar la mano y estrechar la del hombre que la había torturado.

Historia de un perdón grande. Nuestra vida debería estar llena de perdones pequeños que son tan difíciles de ofrecer como los grandes.

La fuerza de perdonar de corazón no es nuestra, se la tenemos que pedir a Jesús que es el que nos manda perdonar como condición para ser perdonados.

Conversaban dos hombres un día y uno le confiesa al otro, cada vez que discuto con mi mujer se pone histérica. El otro le dice, eso no es nada, la mía se pone histórica.

¿Qué quiere decir histórica? Le pregunta.

Que me suelta la letanía de todos mis defectos y desprecios y errores que he cometido desde el día primero que nos conocimos.

Todos nos ponemos históricos porque ni hemos perdonado ni olvidado. Somos prisioneros del pasado, de unas relaciones familiares, sociales o comunitarias que nos quitan la paz, nos impiden ser felices y libres y cristianos de verdad.

El cristiano es un ser PERDONADO. El oficio de Dios es perdonar y lo hace bien y siempre. Yo me defino a mi mismo como un pecador feliz. "El Señor tuvo lástima de aquel empleado, de mí, y me dejó marchar, perdonándome toda mi deuda". Porque es eterno su amor. Porque no lleva cuentas del mal. Porque no sabe matemáticas.

El cristiano es un ser que perdona. Pero yo, perdonado, salgo a la vida y grito: Ya me lo pagarás, te espero a la salida, don't get mad, get even...el espíritu del mundo que llevo dentro no entiende lo de setenta veces siete ni lo de 24/7.

El problema está dentro del corazón.

El PERDON es la llave maestra que sana todas las relaciones humanas.

Perdonarse, perdonar a los hermanos, es mandato de Jesús, pero es también condición esencial para vivir en plenitud.

"Sólo los valientes saben cómo perdonar  porque el perdón exige mucho valor cuando todos a nuestro alrededor gritan y piden una 'libra de carne" y la venganza" dice Lawrence Stern.

No debemos ser tacaños en el perdón a los demás cuando el perdón de Dios para nosotros es tan generoso y abundante.

Cultivo una rosa blanca,

En julio corno en enero,

Para el amigo sincero

Que me da su mano franca.

Y para el cruel, que me arranca

El corazón con que vivo,

Cardo ni oruga cultivo

Cultivo la rosa blanca.

José Martí.

 

ORACIÓN UNIVERSAL

A cada petición contestaremos:

“Padre, perdóname, como yo perdono”

  1. Para que la Iglesia sea lugar de reconciliación, y así se manifieste al mundo el perdón de Dios. Roguemos al Señor...
  2. Para que sea posible lo que parece imposible: la reconciliación de unos y otros, sobre la base de la justicia, el respeto, la paciencia, el amor. Roguemos al Señor...
  3. Para que sean capaces de perdonar y olvidar los que se sienten justamente ofendidos. Roguemos al Señor...
  4. Para que los enfermos, especialmente los que se encuentran solos, puedan experimentar la alegría y esperanza de nuestra solidaridad. Roguemos al Señor...
  5. Para que imitemos a Dios, siempre dispuesto al perdón, perdonándonos nuestras ofensas. Roguemos al Señor...

 

EXHORTACIÓN FINAL

Te bendecimos, Señor Dios, porque muriendo un una cruz,

Jesús nos mostró todo el amor, el perdón y la misericordia

que abriga tu corazón de Padre hacia nosotros tus hijos.

Así hizo posible que nos perdonemos como tú nos perdonas,

es decir, sin número límite de veces ni medida para el perdón.

Enséñanos, Señor, a vivir según tu Espíritu cada día,

de tal suerte que nuestro perdón a los hermanos que nos ofenden

sea para los demás un signo de tu amor y reconciliación.

Así mereceremos heredar la bienaventuranza de Cristo:

Dichosos los misericordiosos que saben amar y perdonar,

porque ellos alcanzarán misericordia, amor y perdón.

Amén.