MONICIÓN DE ENTRADA
Bienvenidos hermanos a la celebración del día del Señor. En este domingo el Señor nos llama a la sabiduría, a deleitarnos en ella y a estar preparados, con las lámparas encendidas; es decir, con una fe que esté preparada para los embates del mundo, de la rutina y la misma vida eclesial. Una fe que resplandezca pues su combustible brota de la oración y la misericordia.
Llenos de dicha por encontrarnos en torno a la mesa del Resucitado, celebremos su amor.
MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA
El alma sedienta de Dios, como escucharemos en el salmo, es la que lo busca por doquier; para ello, el Evangelios nos invita a ser precavidos, a estar preparados, a deponer las excusas y preparar nuestra fe, esperanza y amor para la venida del Señor.
Escuchemos atentos para estar alertas a la presencia de Dios en nuestras vidas.
PIMERA LECTURA
Lectura del libro de la Sabiduría 6,12-16
La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta.
Meditar en ella es prudencia consumada, el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansía de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas
canto con júbilo.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4,13-17
No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza.
Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto,
Dios, por medio de Jesús, los llevará con él. Esto es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos. Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor.
Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,1-13):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
"¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!"
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas:
"Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas."
Pero las sensatas contestaron:
"Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis."
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:
"Señor, señor, ábrenos."
Pero él respondió:
"Os lo aseguro: no os conozco."
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»
Palabra del Señor.
HOMILÍA
Un grupo de turistas iba a emprender una excursión por las montañas. La carretera era estrecha y llena de curvas peligrosas.
El conductor estaba nervioso, era la primera vez que hacía ese recorrido. Antes de comenzar la excursión se plantó delante del autobús y dijo sus oraciones.
Apenas recorridos unos kilómetros, el motor comenzó a calentarse. No había agua en el radiador. Eso tenía fácil arreglo. Pero faltando muchos kilómetros para la meta, el autobús se paró. No había gasolina en el tanque. Se quedó vacío. Los turistas tuvieron que esperar largas horas antes de ser auxiliados.
El conductor había orado antes de salir pero no había echado agua al radiador y no había llenado el tanque de gasolina.
En nuestro mundo, y entre nosotros, hay personas que viven como turistas. El turista es el que disfruta de un lugar, lo usa unas horas o unos días y habitualmente lo deja peor de lo que lo encontró.
Los hay que viven como peregrinos. Hacen muchos sacrificios, pero sólo les interesa la meta. Y se desentienden de lo que pasa a su alrededor.
Los hay indiferentes. El mundo pasa. La vida es una historia contada por un idiota.
¿Para qué trabajar? ¿Para qué preocuparse?
Los impíos dicen: comamos, bebamos, gocemos...que esto no da más de si.
Algunos creyentes: oran mucho pero no echan agua al radiador ni llenan el tanque de gasolina.
Todas estas personas son las cinco doncellas necias que esperan al novio dormidas y vacías.
Y están las cinco doncellas sabias. Estas son las que saben que el mundo es un lugar hermoso, que hay que disfrutar, pero que hay que dejarlo mejor de lo que lo encontramos. Las que saben que hay que hacerlo más humano, más justo, más solidario, más fraterno, más según el proyecto de Dios.
Son sabias las personas que saben que hay una meta final, una nueva patria, pero este mundo es hoy nuestra casa y nuestra patria y hay que comprometerse con todas las causas justas hay que hincar el diente a los problemas que a todos nos afectan y hay que mancharse la manos.
Son sabias las personas que saben que hay un fin del mundo y oran por los cielos nuevos y la tierra nueva y oran para que venga a nosotros el Reino del Padre y oran para que el novio llegue y nos introduzca en el banquete de bodas, pero viven preparados y trabajando. No saben a qué hora va a llegar el novio y viven "como si Dios no existiera".
Saben que Dios no es un capataz que nos vigila, pero saben que Dios está presente y le agradan haciendo lo que nos ha mandado: ser sal y luz de la tierra y ser aceite que sana las heridas.
Jesús nos dice a todos hoy: "Estén vigilantes porque no saben ni el día ni la hora".
La pregunta para el cristiano no es ¿cuándo se acabará el mundo? La pregunta es: ¿está usted preparado?
Unos preparan oposiciones. Otros preparan un viaje exótico. Otros se preparan para un futuro inmediato. Otros viven al día.
Nosotros nos preparamos para lo mejor, para una fiesta de bodas, para recibir al novio y el novio es Jesucristo.
Y como el novio se retrasa más de la cuenta, unos se quedan dormidos, otros se van al bar de la esquina y otros piensan que no hay que esperar a ningún Godot; la suerte ya está echada, pase lo que pase.
Sí, el novio se retrasa, pero viene, y nos invita a nosotros que tenemos un poco de sabios y un poco de necios a buscar la sabiduría. La prudencia intenta resolver lo inmediato. La sabiduría contempla la totalidad de la vida.
Esta es una de las parábolas del evangelio en que todos los personajes son mujeres.
A media noche son las portadoras de la luz a la comunidad. Esperan y vigilan. Viven en la fe y en el amor al Señor.
Si yo hubiera escrito esta parábola, habría descrito a cinco mujeres sabias y a cinco hombres necios.
Los hombres vivimos lo inmediato.
Nos devoran los instintos.
Nos matan los problemas, los negocios.
No tenemos tiempo para lo importante: Dios, los hijos, la comunidad, las cosas del espíritu, la oración...
Nos envenena la avaricia, el prestigio, el tener más...
Nos contentamos con poco. Nos basta el presente. Nos basta un ligue más para la colección. Nos basta la tierra. No tenemos un horizonte trascendente.
Jesucristo es importante. Descubrámosle en este hoy de nuestra vida y Él será nuestro mañana feliz.
ORACIÓN DE LOS FIELES
A cada petición contestaremos:
Fortalece nuestra esperanza, Señor.
- Para que tu Iglesia, no desfallezca en su tarea de ser luz, de sembrar esperanza y construir un mundo más fraterno donde reine la caridad.
- Para que nuestros gobernantes, aún en medio de las sombras que se elevan sobre nuestro tiempo, sepan dirigir con inteligencia, esperanza y justicia al pueblo que le has confiado.
- Por aquellos que sufren a causa de la enfermedad, la desesperación, el desempleo y la falta de oportunidades, para que enciendan las luces de la fe y encuentren en tu bondad y nuestra generosidad, un motivo para seguir esperando.
- Por nuestra comunidad de fe, para que a pesar del confinamiento generado por la actual pandemia, persevere —con sus lámparas encendidas— en la oración, en el cuidado mutuo y la lectura orante de tu Palabra.
EXHORTACIÓN FINAL
Gloria a ti, Señor Jesús, luz y sabiduría de Dios
que te revelas a quien saben esperarte velando.
Queremos mantener encendidas en la noche la fe y la esperanza
hasta que despunte la aurora luminosa de tu llegada.
No permitas, Señor, que se nos embote el sentido cristiano
para percibir tus continuas venidas a nuestro mundo.
Ayúdanos a mantener siempre ardiendo la lámpara de la fe
que tú encendiste el día primero de nuestro bautismo.
Así, alimentándola siempre con el amor y la fidelidad cotidiana,
caminaremos a su luz hacia el encuentro contigo
para ser admitidos al banquete eterno de tu reino.
Amén.
