
“El reino de los cielos se parece a ...” (Mateo 13, 44–52)
El Evangelio narrado por Mateo recoge hoy dos breves parábolas de Jesús con un mismo mensaje. En ambos relatos, el protagonista descubre un tesoro considerablemente valioso o una perla de valor incalculable. Y los dos reaccionan del mismo modo: venden con alegría y decisión lo que tienen y se hacen con el tesoro o la perla. Según Jesús, así reaccionan los que descubren el reino de Dios. También encontramos otra parábola: de la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces...
Al parecer, Jesús teme que la gente le siga por intereses diversos, sin descubrir lo de más valor, belleza e importancia: ese plan o proyecto apasionante del Padre que consiste en conducirnos a todos hacia un mundo más justo, fraterno y feliz, encaminándolo todo, todo, así hacia su salvación definitiva en Él.
¿Qué podemos decir hoy después de dos milenios de cristianismo? ¿Por qué tantos cristianos-católicos buenos viven encerrados en su práctica religiosa con la sensación de no haber descubierto en ella ningún “tesoro”? ¿Dónde está la raíz última de esa falta de entusiasmo y alegría en tantísimos ambientes de nuestra Iglesia Católica, incapaz de atraer hacia el núcleo del Evangelio a tantas personas que se van alejando de ella, sin renunciar por eso a Dios ni a Jesús?
Después del Concilio Vaticano II (1962–1965), el Papa Pablo VI hizo esta afirmación definitiva: “Solo el Reino de Dios es absoluto. Todo lo demás es relativo”. Décadas más tarde, el Papa Juan Pablo II lo reafirmó diciendo: “La Iglesia no es ella su propio fin, pues está orientada al Reino de Dios, del cual es germen, signo e instrumento”. Ahora el Papa Francisco nos viene repitiendo: “El proyecto de Jesús es instaurar el Reino de Dios”.
Si esta es la fe de nuestra Iglesia Católica, ¿por qué hay católicos que ni siquiera han oído hablar de ese proyecto que Jesús llamaba “Reino de Dios”? ¿Por qué no saben que el sentido que animó toda la vida de Jesús, la razón de ser y la causa de todas sus palabras y obras, fue anunciar y promover ese Reinado y Señorío del Padre? Nuestra Iglesia no puede renovarse desde su raíz si no descubre el “tesoro” del Reino de Dios. Seguramente, la decisión más importante que hemos de tomar hoy en la Iglesia, en nuestra Parroquia y en nuestras Pequeñas Comunidades es la de recuperar el proyecto del Reino de Dios con alegría.
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán

