
El Año Litúrgico comienza con el ADVIENTO. Adviento quiere decir “llegada”. Esperamos la venida de Dios. Dios viene a nosotros de tres formas. En el nacimiento de Jesús hace 2.020 años, en nuestros espíritus hoy ... y al final de la historia humana en forma gloriosa.
Como tiempo de espera, el Adviento debería ser un tiempo de silencio. ¡Silencio para escuchar la voz interior y a encontrar algo de tiempo para Dios!
Sería un buen ejercicio espiritual en el tiempo de Adviento que con frecuencia nos sentáramos un rato, deliberada e intencionadamente, sin hacer nada nada en absoluto, sino sencillamente concentrarnos en interior y preguntarnos: ¿Qué es lo que yo propiamente espero? ¿Qué es lo que más anhelo? ¿Qué es lo que podría llenar mi vida? ¿Qué me falta?
Sería bueno si una vez, al menos una vez, a propósito, nos levantáramos por la noche para velar, para salir al encuentro del Señor Jesús, para esperarle, de la misma forma que leemos en el Salmo 130: “Mi alma espera al Señor más que los centinelas esperan el alba...”
Qué significa esperar en Adviento a la venida del Señor Jesús lo comprenderemos mejor si consideramos qué es esperar a un ser amado. Mientras esperamos el momento anhelado, ya nos imaginamos cómo será en encuentro con la persona tan amada.
En el Adviento celebramos deliberadamente durante cuatro Domingos nuestros anhelos, y, en la medida en que los celebramos, fortalecemos nuestra esperanza... la virtud cristiana de la esperanza, para que nos ayude a superar este tiempo tan difícil de pandemia, con la certeza de que las tinieblas se convertirán en luz!
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán
