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Meditación5 julio de 2020 – Domingo 14º del Tiempo Ordinario

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“Vengan a mí ... y yo los aliviaré” (Mateo 11, 25-30)

Hay cansancios típicos en la sociedad actual que no se curan con las vacaciones. ¡No!. No desaparecen por el mero hecho de irnos a descansar unos días. La razón es sencilla. Las vacaciones pueden ayudar a rehacernos un poco, sin duda, pero no pueden darnos el descanso interior, la armonía del corazón, la verdadera paz de espíritu que necesitamos.

Hay un primer cansancio que proviene de un activismo agotador. No respetamos los ritmos naturales de la vida. Hacemos cada vez más cosas en menos tiempo. De un día queremos sacar dos. Nuestra vida es una vida ajetreada, a veces tremendamente ajetreada. Nos pasamos la vida demasiados fatigados, para cuidar un jardín, demasiados distraídos para leer, demasiados ocupados para hablar, para meditar en nuestro futuro, para apreciar nuestro presente. Nos limitamos a seguir adelante, día tras día. ¿Dónde está lo que significa ser humano en todo eso? ¿Qué significa ser espiritual? ¿Dónde está Dios en todo eso?

Las vacaciones no sirven para resolver este cansancio. No basta “desconectarnos” de todo. Al regreso de las vacaciones todo seguirá igual. Lo que necesitamos es no acelerar más nuestra vida, imponernos un ritmo más humano, dejar de hacer algunas cosas, vivir más despacio y de manera más descansada. La vida es algo más que trabajo.

Hay otro tipo de cansancio que nace de la saturación. Vivimos un exceso de actividades, relaciones, citas, encuentros, reuniones, obligaciones, costumbres rutinarias... Por otra parte, el móvil o celular, el computador, el correo electrónico, el internet, el WhatsApp, lo virtual... facilitan nuestro trabajo, pero introducen en nuestra vida una verdadera saturación. Estamos en todas partes, siempre localizables, siempre “conectados”. Y las vacaciones tampoco sirven para “desaparecer” y “perdernos”. Es un error. Lo que necesitamos es aprender a “ordenar” nuestra vida, a equilibrar y armonizarnos: elegir lo importante, relativizar lo accidental, dedicar más tiempo a lo que nos da paz interior y sosiego.

Hay también un cansancio ambiguo, difícil de precisar. Vivimos cansados de nosotros mismos, hartos de nuestra mediocridad, sin encontrar lo que desde el fondo anhelamos. ¿Cómo nos van a curar unas vacaciones? No es superfluo escuchar las palabras de Jesús: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Hay una paz y un descanso que sólo se puede encontrar en el misterio de Dios escondido en Jesús.

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons., Párroco
Canónigo Catedral Primada y Párroco en San Luis Beltrán