
“...¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo...”(Mateo 14, 22–33)
¿Cómo leer este relato de Mateo desde la crisis en la que la Iglesia parece hoy naufragar? ¿Y no solamente desde la crisis de la Iglesia, sino también desde la crisis sanitaria en la que nuestro planeta tierra entero parece hoy naufragar?
Según el evangelista Mateo, “se les acercó Jesús andando sobre el mar”. Los discípulos no son capaces de reconocerlo en medio de la tormenta y la oscuridad de la noche. Les parece un “fantasma”. El miedo los tiene aterrorizados. Lo único real es aquella fuerte tempestad.
Este es nuestro primer problema. Estamos viviendo la crisis de la Iglesia y del planeta tierra contagiándonos unos a otros desaliento, miedo y falta de fe. No somos capaces de ver que Jesús se nos está acercando precisamente desde esta fuerte crisis. Nos sentimos más solos e indefensos que nunca.
Jesús les dice tres palabras: “¡Animo! ¡Soy yo! ¡No tengan miedo!”. Solo Jesús les puede hablar así. Pero sus oídos solo oyen el estruendo de las olas y la fuerza del viento. Este es también nuestro error. Si no escuchamos la invitación de Jesús a poner en Él nuestra confianza incondicional, ¿a quién acudiremos? Simón Pedro siente un impulso interior y “bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús”. Así hemos de aprender hoy a caminar hacia Jesús en medio de la crisis: apoyándonos, no en el poder, el prestigio y las seguridades del pasado, sino en el deseo de encontrarnos con Jesús en medio de la oscuridad, del miedo al contagio, la falta de recursos suficientes por la crisis sanitaria y todas las incertidumbres de estos tiempos.
No es fácil. También nosotros podemos vacilar y hundirnos como Simón Pedro. Esta crisis no es el final de la historia humana ni el final de nuestra fe cristiana. Jesús está actuando en esta crisis. Jesús nos calma diciendo: “¡Animo! ¡Soy yo! ¡No tengan miedo!”. Para todas las comunidades, tanto las de ayer como las de hoy, para nosotros, era y es muy importante escuchar de nuevo: “¡Animo! ¡Soy yo! ¡No tengan miedo!”.
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán

