Pasar al contenido principal

MeditaciónSOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

https://arquimedia.s3.amazonaws.com/280/evangelio-dominical/imagen-meditacion-22-de-noviembrejpg.jpg

“... Vengan ustedes, benditos de mi Padre; hereden el reino preparado...” (Mateo 25, 31–46)

No hay dudas. Jesús vive volcado, inclinado, hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desamparados y hace por ellos todo lo que puede. Para él, para Jesús, la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: “Sean compasivos como su Padre es compasivo”.

¿Cómo nos va a extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con Él? ¿Cómo nos va a extrañar que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?

Según el relato de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante el mismo Jesús, el compasivo, “todas las naciones”. No se hacen diferencias entre “pueblo elegido” y “pueblo pagano”. Nada, nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entendemos: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?

El evangelista Mateo no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos... o nos desentendemos y los abandonamos.

El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: “...cada vez que lo hicieron con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron”. Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a Él, a Jesús. Por eso han de estar junto a Él en el reino: “Vengan ustedes, benditos de mi Padre...”.

Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión y misericordia: “...lo que no hicieron con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicieron conmigo”. Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: “Apártense de mí, malditos...”. Sigan su camino...

Nuestra vida entera se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio final. Ahora nos estamos acercando o nos estamos alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o nos estamos alejando de Jesús, Hijo de Dios y Salvador. Ahora estamos decidiendo nuestra vida o nuestra muerte para siempre...

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán