Pasar al contenido principal

MeditaciónTiempo  Pascual - 2020 Solemnidad de la Ascensión – 24 de mayo

https://arquimedia.s3.amazonaws.com/280/evangelio-dominical/imagen-meditacion-24-de-mayojpg.jpg

“... y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el final de los tiempos”.
(Mateo 28, 16-20)

La situación que vivimos hoy en nuestra Parroquia no es nada fácil. En nuestro corazón de discípulos de Jesús surgen preguntas: ¿Dónde reafirmar nuestra fe en estos tiempos de crisis por el confinamiento obligatorio? ¿Qué es lo importante en estos momentos? ¿Qué debemos hacer en la Parroquia y en las Pequeñas Comunidades? ¿Hacia dónde hemos de orientar nuestros esfuerzos?
San Mateo concluye todo su relato del Evangelio de Jesús con una escena de importancia incalculable. Jesús convoca por última vez a sus apóstoles y discípulos para confiarles su misión. Son las últimas palabras que escucharán de Jesús: las que han de orientar su vocación y sostener su fe a lo largo de los siglos. Es el envío misionero.
Siguiendo las indicaciones de las mujeres, en la mañana de Pascua, el primer día de la semana, los discípulos van de Jerusalén (Judea) a Galilea. Allí había comenzado todo con Jesús. Allí se habían comprometido a seguirlo colaborando en su proyecto del reino de Dios. Ahora vienen sin saber con qué se pueden encontrar. ¿Volverán a verse con Jesús después de su ejecución y muerte?
El encuentro con el Resucitado no es fácil. Al verlo llegar, los discípulos ”se postran” ante Él; reconocen en Jesús algo nuevo; quieren creer, ”pero algunos dudaron”. El grupo se mueve entre la confianza y la tristeza. Lo adoran pero no están libres de dudas e inseguridad. Los cristianos de hoy los entendemos. A nosotros nos sucede lo mismo.
Lo admirable es que Jesús no les reprocha nada, nada. Los conoce desde que los llamó a seguirlo. Su fe sigue siendo pequeña, pero a pesar de sus dudas y vacilaciones, confía en ellos. Desde esa fe pequeña y frágil anunciarán su mensaje en el mundo entero. Así sabrán acoger y comprender a quienes a lo largo de los siglos vivirán una fe vacilante. Jesús los sostendrá a todos.
La tarea fundamental que les confía es clara: “hacer discípulos” suyos en todos los pueblos. No les manda propiamente a exponer una doctrina, sino a trabajar para que el mundo haya hombres y mujeres que vivan como discípulos y discípulas de Jesús. Seguidores que aprendamos a vivir como Él. Que lo acojamos como Maestro y no dejemos nunca, nunca, de aprender a ser buenos, libres, justos, solidarios, honestos, serviciales, constructores de un mundo más humano... más divino!

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco en San Luis Beltrán