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MeditaciónTiempo Pascual - 2020 Solemnidad de Pentecostés – 31 de mayo

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“... Se llenaron todos de Espíritu Santo”.
(Hechos Apóstoles 2, 1-11)

El sentido de la plenitud de la Pascua en la celebración de Pentecostés se comprende en la frase de San Lucas en su Libro de los Hechos de los Apóstoles: «Se llenaron todos de Espíritu Santo». ¿Qué quiere decir que «se llenaron todos de Espíritu Santo» y qué experimentaron en aquel momento los apóstoles?
Tuvieron una experiencia cumbre, intensa, del Amor de Dios, se sintieron inundados de Amor, como por un océano. Lo asegura el Apóstol Pablo cuando dice que «el Amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Romanos 5, 5).

Intuimos que junto a nuestro espíritu humano, banal y destructor, que con muchísima frecuencia descubrimos en nosotros mismos, tiene que haber también otro Espíritu, Divino, Santo, de Amor, un espíritu puro y limpio; que junto a nuestro corazón lleno de intrigas, del que nosotros mismos nos asustamos, tiene que haber, no obstante, un corazón nuevo que se deja guiar por el Espíritu de Dios.

Esperamos, entonces, que el Dios Espíritu Santo lave lo que está manchado, sane lo que está enfermo, dé calor de vida en medio del hielo, dome al espíritu rebelde, guíe al que pierde el sendero. Llamamos al Espíritu: fuente del mayor consuelo, padre amoroso del pobre, luz de los corazones, dulce huésped del alma, solaz y consuelo para el hombre. Y creemos que sin el efecto del Espíritu Santo nada puede existir en nosotros y nada puede curarse.

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco en San Luis Beltrán