Tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo:
“El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir.
Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda.
Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se enojó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
Entonces dice a sus siervos: La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda.
Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.
Cuando entró el rey a ver a los comensales vio allí uno que no tenía traje de boda; le dice: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.” (Mateo 22, 1-10)
El banquete del Reino
Los profetas muchas veces anunciaron los bienes de la salvación y especialmente aquellos de los tiempos escatológicos con la imagen de un banquete. La primera lectura de la liturgia de este Domingo (Isaías 25, 6-10) es un ejemplo. También Isaías habla de un banquete preparado por Dios para todos los pueblos, pero el pueblo de Israel y más específicamente la ciudad de Jerusalén, quedan al centro del proyecto de Dios, como mediadores de la salvación que Dios ofrece a todos, a todos los pueblos.
En el Nuevo Testamento, por el contrario, aún reconociendo que "la salvación viene de los judíos" (Juan 4, 22), el único mediador de la salvación es Jesús, que continúa ejerciendo su mediación a través de la comunidad de sus discípulos, la Iglesia, el nuevo Israel de Dios.
El traje nupcial
"Muchos los llamados, pocos los elegidos"
La expresión es un semitismo o judaísmo. En ausencia del comparativo, el hebreo bíblico usa expresiones fundadas en una drástica oposición. Por lo cual esta expresión no dice nada sobre la relación numérica entre los llamados en la Iglesia y los elegidos a la vida eterna. Sin embargo, es verdad que la parábola distingue entre la llamada a la salvación y la elección y perseverancia final. La generosidad del Rey es inmensa, pero es necesario tomar en serio las exigencias del Reino. La expresión es una apremiante llamada a no contentarse con una pertenencia formal al pueblo de Dios. No se puede tomar la salvación por descontado.
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco de San Luis Beltrán
