Pedro se acercó entonces y le dijo:
“Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?”
Dícele Jesús: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.” Por eso el Reino de los Cielos es semejante a …
La comparación de la que se sirve Jesús para ilustrar la obligación de perdonar y reconciliar une parábola y alegoría. Cuando Jesús habla del Rey que quiere ajustar las cuentas con sus siervos, piensa ya en Dios Padre que perdona todo. Cuando habla de la deuda del siervo perdonado por el rey, piensa en la deuda inmensa que tenemos delante de Dios Padre, que nos perdona siempre. Cuando habla de la conducta del siervo perdonado que no quiere perdonar, piensa en nosotros, perdonados por Dios, que no queremos perdonar a nuestros hermanos.
Al final del primer siglo, los judíos-cristianos de las comunidades de Siria y Palestina tenían problemas serios y graves de reconciliación con los hermanos de la misma raza. En el período del gran desastre de la destrucción de Jerusalén por parte de los romanos, en los años 70, tanto la Sinagogajudía como la Ecclesiacristiana se encontraban en una fase de reorganización en la región de Siria y Palestina. Por esto entre ellos existía una fuerte tensión, una crisis, que era fuente de muchos sufrimientos en las familias. Esta tensión y crisis constituye el fondo del Evangelio de Mateo.
Fijémonos un poco en la pregunta de Simón Pedro: ¿Cuántas veces perdonar?
Ante las palabras de Jesús sobre la reconciliación, Simón Pedro pregunta: “¿Cuántas veces debo perdonar? ¿Siete veces?”
Siete es un número que indica perfección y en el caso de la propuesta de Pedro, siete es sinónimo de siempre.
La respuesta de Jesús: ¡Setenta veces siete!
Jesús mira más lejos. Elimina todo posible límite al perdón: “¡No hasta siete, sino setenta veces siete!” ¡Setenta veces siempre! ¡Siempre! Porque no hay proporción entre el perdón que recibimos de Dios y nuestro perdón dado al hermano. Para aclarar la respuesta dada a Pedro, Jesús cuenta una parábola ¡Es la parábola del perdón sin límite!
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral Primada y Párroco de San Luis Beltrán

