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Reflexión Dominical 28 de enero de 2018

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Evangelio según San Marcos 1, 21-28   

 … Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar:

“¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? …”

 ( Marcos 1, 21-28 )

 En este Domingo meditamos la descripción que el evangelista Marcos hace del primer milagro de Jesús. No todos los evangelistas cuentan los hechos de la vida de Jesús de la misma manera. Delante de las necesidades de las comunidades para las que se escribía, cada uno de ellos acentuaba algunos puntos y aspectos de la vida, actividades y enseñanzas de Jesús que más pudiesen ayudar a sus lectores.

 Los lectores de Mateo vivían en el norte de la Palestina y en Siria. Los de Lucas, en Grecia. Los de Juan, en Asia Menor. Los de Marcos, probablemente en Italia.

 Un ejemplo concreto de esta diversidad es el modo en el que cada cual presenta el primer milagro de Jesús: En el Evangelio de Juan, el primer milagro sucede en unas Bodas en Caná de Galilea, donde Jesús transformó el agua en vino (Jn 2,1-11). Para Lucas el primer milagro es la tranquilidad con la que Jesús se libra de la amenaza de muerte por parte del pueblo de Nazaret (Lc 4,29-39). Para Mateo, es la curación de un gran número de enfermos y endemoniados (Mt 4,23), o, más específicamente, la curación de un leproso (Mt 8, 1-4). Para Marcos, el primer milagro es la expulsión de un demonio (Mc 1,23-26).

 Así, cada evangelista, en su manera de narrar las cosas revelan cuáles son, según él, los puntos más importantes en las actividades y en las enseñanzas de Jesús. Cada uno tiene una preocupación diferente que trata de transmitir a sus lectores y a las comunidades.

 Ahora bien, hoy nosotros vivimos en un lugar y en una época bien diversas de los tiempos de Jesús y de los evangelistas. ¿Cuál es para nosotros la mayor preocupación en relación a lo vivido del Evangelio? Vale la pena que cada uno se pregunte: ¿Cuál es para mí la mayor preocupación?

 Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.

Canónigo Catedral Primada y Párroco San Luis Beltrán