Pasar al contenido principal

Reflexión - Evangelio Dominical: La Iglesia tiene con qué responder a los anhelos del hombre  (2 de agosto)

https://arquimedia.s3.amazonaws.com/28/evangelio-dominical/20820-01png.png

En nuestra lectura del evangelio en la misa durante los tres últimos domingos hemos estado leyendo la enseñanza de Jesús por medio de las parábolas, lo que constituye el…

El mensaje de las parábolas nos llevaba a comprender el Reino de los cielos como el proyecto que el Padre del cielo está realizando en la historia del mundo.

Hoy iniciamos la lectura de una serie de hechos en la vida de Jesús a través de los cuales Jesús mismo nos muestra cómo el Reino se revela presente entre los hombres. Podemos decir que el evangelista Mateo nos narra la vida del Maestro valiéndose de la secuencia palabras / obras.

El evangelio de la misa de este domingo (Mateo 14, 13-21) tiene tres partes. En la primera encontramos una descripción de la actividad de Jesús, la segunda está constituida por un diálogo entre los discípulos y Jesús, por último, en la tercera parte tenemos el gesto de los panes y los pescados repartidos en abundancia.

La descripción de la actividad de Jesús, en la primera parte del evangelio de hoy, se plantea desde una situación de amenaza. Herodes ha mandado a matar a Juan Bautista en la cárcel, por ello Jesús busca estar solo. Esta aspiración del Maestro se ve frustrada por la multitud que lo busca, sigue sus rastros y finalmente da con él. En la residencia de Herodes, las intrigas palaciegas terminan con la vida del profeta; en la libertad del paisaje del lago, la multitud converge hacia Jesús. La descripción de esta primera parte concluye manifestando la actitud misericordiosa de Jesús que libera y alimenta al pueblo.

El centro del mensaje del evangelio de este domingo lo reconocemos en el diálogo de los discípulos con Jesús que hallamos en la segunda parte. La iniciativa de los discípulos pone en evidencia que las personas que rodean a Jesús en aquella oportunidad tienen medios suficientes para procurarse alimentos por ellos mismos: «Despide a la multitud, para que vayan a las aldeas y se compren comida». La respuesta de Jesús, «No hace falta que vayan, denles ustedes de comer», invita a los mismos discípulos a reconocer en ellos la capacidad para alimentar a la multitud.

La forma como está expresada la iniciativa de los discípulos, nos hace pensar que ellos asumen que no tienen nada para ofrecer a la multitud. Sin embargo, Jesús los invita a mirar la realidad de otra forma: reconocer la eficacia de la comunidad de (Jesús y) sus discípulos para responder, digámoslo así, al mundo.

Acabando de escuchar el sermón de las parábolas, la invitación que Jesús lanza a sus discípulos nos evoca el potencial del grano de mostaza; la acción de la levadura que, ‘encriptada’, logra fermentar toda la masa. La propuesta de Jesús es un estímulo para descubrir el tesoro escondido. Esta actitud de Jesús para con sus discípulos en el evangelio de hoy nos lo revela como Señor, como soberano, que invita a los suyos a realizar lo imposible: satisfacer a la multitud con cinco panes y dos pescados.

De la parte final del pasaje leído destacamos las acciones que ambientan la celebración de la Eucaristía: Jesús tomó los panes, los bendijo, los partió y los dio a los discípulos para que los dieran a la gente. En el contexto de la escena, esta repartición generosa viene a corroborar la propuesta de Jesús: No hace falta que la gente vaya a buscar alimento en otra parte.