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Reflexión - Evangelio Dominical: La vida cristiana es expresión de la gracia recibida

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En el evangelio del domingo anterior Jesús expuso la manera como un discípulo debe obrar en el caso de verse afectado por el mal proceder de algún hermano,; a propósito…

De esta forma avanza el sermón de Jesús sobre la vida comunitaria de sus discípulos.

A la pregunta del discípulo el Maestro responde que el perdón auténtico se sobrepone a la venganza; esta respuesta la amplía mediante una parábola. Para nosotros es importante notar que pasamos de las cifras a la manera, nos desplazamos del ‘cuánto’ al ‘cómo’. El discípulo ha preguntado ‘cuánto’, ahora el Maestro responde ‘cómo’.

Para interpretar la parábola hemos de comenzar por la incomprensión que nos deja el desdecirse o anular el perdón. Veamos.

La aplicación final de la historia propuesta por Jesús mismo, ‒«Lo mismo hará con ustedes mi Padre celestial»‒ nos resulta chocante, el Padre celestial –representado por el rey que pide cuentas– ha perdonado a un hombre que le debía, pero más tarde se desdice de ese perdón y termina entregando aquel hombre a los verdugos hasta que pague toda la deuda. Esto nos hace dudar: ¿es que Dios perdona y luego anula ese perdón?, ¿acaso el perdón de Dios no es para siempre?

Al querer despejar estas dudas llegamos a entender que el perdón es algo más que saldar cuentas por una especie de amnistía u olvido. Desde este contexto, el evangelio de la misa de hoy nos impulsa a sacar el perdón del ámbito de la contabilidad ‒cuánto‒ para comprenderlo como un don –como una gracia– que rehabilita al pecador.

La parábola que narra Jesús presenta el perdón como una gracia, como un regalo, como un don que brota de la gratuidad de Dios: «Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste». Para el beneficiario –el pecador– el perdón es un don o una gracia y esta gracia se puede no recibir o bien, acoger con agradecimiento.

En este contexto el ‘agradecimiento’ consiste en algo más que palabras de satisfacción; recibir ‘con agradecimiento’ es asumir existencialmente el don para comenzar a vivir de aquel don o gracia, esto implica apropiarse del don. Recibir con agradecimiento quiere decir incorporar dentro de la propia vida el don o la gracia que se ha recibido, es utilizarla, hacerla servir en aquello para lo cual ha sido concebida. Y la gracia como es precisamente gracia, escapa de la contabilidad.

El pecador, al recibir ‘con agradecimiento’ la gracia del perdón comienza a vivir de esta misma gracia. Cuando el hombre vive y asume auténticamente la gracia, principia a vivir la vida de Dios, principia a ser misericordioso, comienza a tener el mismo pensamiento de Cristo, a sentir con los mismos sentimientos de Cristo. Recibir la gracia del perdón, mucho más que la cancelación de una deuda implica la rehabilitación del pecador de tal forma que éste empieza a llevar una vida como la de Cristo.

Así podemos entender la historia narrada por Jesús como el drama de un hombre que no recibe ‘con agradecimiento’ el perdón sino simplemente como amnistía.