“… Cerca del lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto, y en el huerto, un sepulcro nuevo, donde nadie había sido enterrado. Aprovecharon entonces este sepulcro cercano para poner ahí el cuerpo de Jesús, porque estaban en la Preparación de la fiesta de los judíos”.
( Juan 19, 41-42 )
Cuando Jesús quiso nacer entre nosotros,
no encontró una cama para nacer,
no encontró un hospital para nacer,
no encontró una habitación para nacer.
Quería nacer entre los hombres,
pero los hombres no lo aceptaron
Tuvo que nacer alejado de los hombres.
Nació como un niño infeliz.
Murió como un hombre infeliz.
Hoy, Jesús muere
y no tiene una tumba para ser sepultado.
Su familia no tenía “tumbas de familia”.
Tuvo que ser sepultado en una tumba prestada.
Es necesario sepultar a Jesús.
Nadie podría ofrecer el sacrificio en el Templo de Jerusalén
viendo en el Calvario
al Cordero de Dios sacrificado.
Nadie podría conmemorar
la liberación de la esclavitud de Egipto
viendo muerto en el Calvario
al liberador del pecado.
Nadie podría vivir días tan festivos
viendo en el Calvario la sombre de la muerte.
Jesús debía ser sepultado.
Jesús fue sepultado en una tumba prestada.
Cuando nació no había lugar para Él.
Cuando murió no había lugar para Él.
Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.
Canónigo Catedral - Párroco en San Luis Beltrán

