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SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A (FEBRERO 12 DE 2023)

MONICIÓN DE ENTRADA

En el sexto domingo del tiempo ordinario, nos da mucho gusto tenerles aquí para celebrar la Santa Misa dominical. Sean todos bienvenidos.

En la escuela de Jesús, que vamos siguiendo domingo tras domingo, aprendemos cuál es la mentalidad del Maestro que nos ha enviado Dios, comparada con la del AT y los maestros del tiempo de Jesús. Siguiendo el «sermón de la montaña», vemos cómo Jesús supera la Ley antigua, en una línea de mayor profundización y autenticidad.

 

MONICIÓN PARA TODAS LAS LECTURAS

Las lecturas de hoy nos manifiestan la grandeza de la sabiduría de Dios que respeta la libertad del hombre respecto a cumplir o no cumplir sus mandatos. El que sigue la ley del Señor es dichoso, y Jesús se encarga de llevar a su plenitud la ley y los profetas. Mucha atención a la Palabra que se nos va a proclamar…

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Sirácida 15, 16-21

Si quieres, guardarás los mandatos del Señor,
porque es prudencia cumplir su voluntad;

ante ti están puestos fuego y agua:
echa mano a lo que quieras;

delante del hombre están muerte y vida:
le darán lo que él escoja.

Es inmensa la sabiduría del Señor,
es grande su poder y lo ve todo;

los ojos de Dios ven las acciones,
él conoce todas las obras del hombre;

no mandó pecar al hombre,
ni deja impunes a los mentirosos.

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.

Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

Tú promulgas tus decretos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus consignas.

Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu voluntad.

Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes,
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón.

Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 6-10

Hermanos:

Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.

Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman».

Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

Palabra de Dios

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.

El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado.

Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.

Habéis oído el mandamiento «no cometerás adulterio». Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.

Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno.

Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno.

Está mandado: «El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio».

Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus votos al Señor».

Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir «si» o «no». Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

Palabra del Señor.

 

HOMILIA

1.- El evangelio y la Ley.  El Sermón del Monte no es Ley sino Evangelio. Esta es la diferencia entre la Ley y el Evangelio: la Ley deja a la persona con sus propias fuerzas, le pone preceptos que ha de esforzarse en cumplir, le amenaza, le premia, le exige esforzarse …; el Evangelio la coloca ante el don de Dios, le hace conocer a un Padre, le convierte en hijo, lo cambia por dentro … y ya no tiene que mandarle nada. El observante de la ley vive pendiente de la ley y pregunta por las obras que hay que hacer, cuándo y cómo las tiene que hacer. El que vive la gracia del evangelio no pregunta por las obras que hay que hacer porque antes de que se lo pregunten ya están hechas, porque se ha adelantado el amor. El que vive bajo la ley es un esclavo, El que vive en la gracia es un hombre libre. La ley de Jesús fue ésta: «Yo hago siempre lo que al Padre le agrada».

2.- «No he venido abolir la Ley y los profetas, sino dar plenitud».  La plenitud de la Ley es el amor. (Ro. 13,8). El que no ama no puede cumplir ninguna ley cristiana. Y toda ley cristiana tiene que ser vehículo y expresión del amor. «La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud» (Deus Caritas est, nº 1l). Aquel que no mata, cumple la Ley, pero si no arranca de su corazón la agresividad hacia su hermano, no se parece a Dios. Aquel que no comete adulterio, cumple la Ley, pero si desea egoístamente la esposa de su hermano, no se asemeja a Dios. En estas personas reina la Ley, pero no Dios; son observantes, pero no saben amar; viven correctamente, pero no construirán un mundo más humano. En definitiva, pueden ser buenos judíos, pero son malos cristianos.

3.- Se puede matar de muchas maneras. Con los ojos. Hay miradas que matan… Con la lengua. La Biblia dice que es como una espada de doble filo… De hecho, con las palabras herimos a las personas, las despellejamos… Con el corazón. Cuando tenemos odio por dentro… Las plantas crecen con el sol y la lluvia. Las personas con el amor… Uno está muerto cuando ni ama ni es amado por nadie. «El que no ama es un cadáver». (1ª Juan 3,14). Y se mata también no dando de comer a los que pasan hambre… Dios ha puesto los dones de este mundo para todos… Manos Unidas nos acerca esa triste realidad de tantos niños que mueren por no tener comida.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Queridos hermanos, Dios nos invita, hoy una vez más, a ofrecerle un culto sincero. Por eso, antes de presentar nuestra ofrenda en su altar, oremos para que nos bendiga y nos ayude a vivir con autenticidad nuestra fe. Digamos todos: 

Señor, escucha nuestra oración.

  1. Por nuestra Santa Madre, la Iglesia, para que manifieste al mundo la plenitud de la ley viviendo el amor, la comprensión y la acogida a todos los hombres de cualquier raza o condición. Oremos.
  2. Por el Papa, los obispos y los sacerdotes, para que se esfuercen todos los días por hacer cada vez más accesible a todos el Evangelio desde actitudes cercanas de servicio y respeto, haciendo uso de todos los medios disponibles para tal fin. Oremos.
  3. Por los que gobiernan las naciones, especialmente los de nuestro país, para que el Espíritu Santo les asista con su sabiduría y puedan tomar decisiones sabias en favor de un orden social más justo y equitativo. Oremos. 
  4. Por los que sufren en el mundo entero, especialmente por todos aquellos que padecen hambre y sed de justicia, para que encuentren respuesta en la ley del Señor, que prevalece para siempre. Oremos.
  5. Por esta asamblea, congregada en torno al altar del Señor, para que la celebración del memorial de nuestra salvación nos afiance en nuestra fe y nos ayude a cumplir la voluntad del Señor, antes que la nuestra, y a permanecer en su camino a pesar de las dificultades de la vida. Oremos.