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SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR (ENERO 8 DE 2023)

MONICIÓN DE ENTRADA

Queridos hermanos, les damos una cordial bienvenida  a esta Santa Misa, para celebrar juntos la gran Solemnidad de la Epifanía, o manifestación del Señor.

La fiesta de hoy, prolongación de la Navidad, tiene en nuestra liturgia como protagonistas a unos magos de tierras extrañas que vienen a adorar al Mesías. Celebramos, en el Niño nacido de María, la manifestación de aquel que es el Hijo de Dios, el Mesías de los judíos y la luz de las naciones.

Como los reyes magos se dejaron guiar por la luz de aquella estrella, nosotros nos dejamos conducir también para adorar y celebrar con gozo al niño Jesús. De pie, cantamos el canto de entrada…

 

MONICIÓN PARA TODAS LAS LECTURAS

En la fiesta de la Epifanía celebramos que el nacimiento de Jesús en Belén es Buena Noticia para todo el universo. Como vemos en el evangelio, no son sólo unos pocos vecinos los que están al tanto del acontecimiento: desde oriente han llegado algunos para adorar al Niño. Es una forma de cumplimiento de lo anunciado por Isaías en la primera lectura. Y la carta a los Efesios insiste: todos los hombres y mujeres de la tierra somos herederos de la misma salvación. Por eso deseamos con el salmo que todos los reyes de la tierra se postren ante el Señor. Escuchemos atentos.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 60, 1-6

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!

Mira: las tinieblas cubren la tierra,
la oscuridad los pueblos,

pero sobre ti amanecerá el Señor,
su gloria aparecerá sobre ti;

y caminarán los pueblos a tu luz;
los reyes al resplandor de tu aurora.

Levanta la vista en torno, mira:
todos ésos se han reunido, vienen a ti:

tus hijos llegan de lejos,
a tus hijas las traen en brazos.

Entonces lo verás, radiante de alegría;
tu corazón se asombrará, se ensanchará,

cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar,
y te traigan las riquezas de los pueblos.

Te inundará una multitud de camellos,
los dromedarios de Madián y de Efá.

Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro,
y proclamando las alabanzas del Señor.

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes:
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributos;
que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones,
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.

Porque él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.

Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6

Hermanos:

Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro.

Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Palabra de Dios

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes.

Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

«¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:

«En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta:

«Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las ciudades de Judá;
pues de ti saldrá un jefe
que será el pastor de mi pueblo Israel»».

Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor.

 

HOMILIA

Estamos ante una nueva manifestación de Jesús, que ha recibido la tarea de traer el amor de Dios al mundo. En su bautismo ya adulto, se encuentra con Juan, un hecho muy importante que nos cuentan todos los evangelistas. Dios presenta a su Hijo Amado, habilitado para ponerse al servicio de la humanidad, marcando sus diferencias con Juan, pues ni va al desierto solitario, ni sigue su movimiento, ni vuelve a sus trabajos, sino que su vida mesiánica va a discurrir por otros caminos manifestativos más explícitos y difíciles: va a priorizar el anuncio del evangelio, de un Dios que quiere a todos y además felices, en el mundo desierto de valores.

El paso por el Jordán para el pueblo de Israel significó dejar el desierto para entrar en el valle, paso de la aridez a la fertilidad; del hambre a la abundancia; de la extranjería a ser pueblo, de la esclavitud a la libertad. Estar a un lado o a otro del rio era ser una persona u otra, disfrutar de una u otra realidad, ser o no comunidad, conocer o no a Dios.

El rito del agua de Juan no va a ser decisivo para él, lo que le va a marcar para toda la vida es el Espíritu de Dios, su experiencia de un Dios Padre Bueno, del que se siente Hijo sin poder dejar de traslucir tanto amor como su Padre le ha manifestado. El Espíritu de Dios es el aliento que crea, recrea y sostiene la vida; es la fuerza que transforma a los vivientes; fuerza amorosa que genera lo mejor para sus hijos e hijas. Por eso va pasar por el mundo haciendo el bien: curando la vida, las formas de vivir y pensar; bendiciendo, ofreciendo, regalando, construyendo y no juzgando ni condenando; liberando de todo aquello que esclaviza y deshumaniza.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

A Jesús, rey de la historia y salvador de todos los pueblos, elevemos nuestras invocaciones, confiados y seguros, como los Magos, de su poder y su bondad. Oremos juntos diciendo:

Cristo, luz del mundo, ilumina a cada hombre.

  1. Por la Iglesia, para que , como la estrella que guió a los Magos, siempre sea capaz de iluminar la desesperanza, el sinsentido y las contradicciones de la historia, con la luz de Cristo, salvación de las gentes. Oremos.
  2. Por el Papa, los obispos y los sacerdotes, para que sean para nosotros guías sabios y que con dulzura y responsabilidad ayuden a todo hombre a acoger a Cristo en su vida..
  3. Por los jefes de Estado, para que no sean, como el rey Herodes, enceguecidos por el poder, el interés personal o el miedo, sino que vivan su compromiso con dedicación y atención al bien común, la paz y al cuidado de la vida. Oremos.
  4. Por todos los niños que sufren, para que el Niño Jesús pose su mirada sobre las violencias y explotaciones, sobre la falta de familia, de instrucción y de alegría de tantos pequeños en todo el mundo, y sacuda la conciencia de quienes siguen ultrajando y violentando la infancia. Oremos.
  5. Por todos nosotros, reunidos en torno al altar de Dios en esta solemnidad, y que hemos sido llamados de las tinieblas a la luz admirable de Cristo, para que nos afiancemos en la fe verdadera y sigamos con fidelidad las enseñanzas de del Evangelio, comenzando por la que hemos recibido hoy, en esta santa misa. Oremos.

 

EXHORTACIÓN FINAL

Cristo Jesús, que la misma gran alegría que sintieron los reyes Magos al verte y reconocerte, nos acompañe también a mostros en nuestro camino cotidiano. Sostennos con tu luz y asístenos con lo que te hemos pedido con confianza, te lo Pedimos a Ti, Señor, que vives y reinas con Dios Padre, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Amén.