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SOLEMNIDAD DE LA SAGRADA FAMILIA30 de diciembre

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 … Regresó, pues, Jesús con ellos a Nazaret

y siguió bajo su autoridad.

Su madre conservaba todas estas cosas en el corazón.

Y él crecía en sabiduría y madurez…”

 ( Lucas 2, 41-52 )

30 DIC

Pero son muchos los niños que sufren, precisamente porque los adultos no sabemos acercamos a ellos y cuidar mejor su felicidad.

Al niño se le mima, se le manipula, se le golpea y se le besa. Se le obliga a comer y se le manda callar. No se le escucha… se le amenaza, se le intenta programar para que diga y haga lo que queremos los mayores. Frecuentemente, se le agobia y cansa con libros, estudios y deberes. Se le restringe su tiempo de juego y fantasía. Se ahoga su creatividad y se le pide comportarse como adulto.

Y luego están los niños maltratados con el peor de los abandonos que es el tenerlos cerca y no atenderlos ni cuidarlos. Los niños que no reciben besos como premio, pero sí golpes como castigo. Los que viven defendiéndose como pueden en medio de esa tragedia que es una pareja mal avenida. Los niños no amados, que son una carga para sus padres.

Y esos niños atropellados por las tremendas agresiones de los adultos. Y los niños que piden limosna por las calles, envueltos basura. Niños mal alimentados. Con poca, muy poca, comida y menos cariño.

En esta festividad de la Sagrada Familia en que recordamos a María y José defendiendo a su pequeño Niño Jesús del atropello y la violencia, yo quiero rendir mi homenaje a esos padres y madres de paciencia casi infinita, que saben estar cerca de sus hijos. Padres que al llegar a su casa, dejan que sus hijos se les cuelguen del cuello. Madres que saben «perder tiempo» jugando con su niño o su niña. Esos hombres y mujeres a los que apenas nadie valora, pero que son grandes porque saben respetar, cuidar y hacer felices a sus hijos.

Aunque no lo sepan, están contribuyendo a hacer un mundo mas humano porque a un niño feliz siempre le será más fácil ser un día un hombre bueno.

  

 

Sergio Pulido Gutiérrez, Mons.

Canónigo Catedral Primada y Párroco de San Luis Beltrán